lunes, febrero 27, 2006, rallada de belga_seg a las 2/27/2006 01:59:00 a. m.

Un corcel se desintegra a medida que una de sus patas recorre un trayecto con destino Madrid, otra se queda bailando sola con las olas del Mediterráneo, y una tercera se prepara para volar hacia Sevilla y luego correr sin descanso a Córdoba… La cuarta pata esta vez estaba herida, y tuvo que quedarse a las puertas de la Pilarica… Cada una por su lado pero todos en el mismo lugar.



No, otra vez no me lo creo
Que haya llegado el momento
De decirte adiós,
te pierdo.
Y tú, que me dices “hasta luego”,
Aún sabiendo que no es
cierto, que me engañas,
Que pueden pasar semanas hasta vernos.

Siempre que nos despedimos me pregunto por qué cuando estoy contigo las manillas de mi reloj se vuelven locas y pasan por encima de los números a una velocidad desmedida. Te miro de reojo desde el asiento de otro autobús más y frunzo el ceño al pensar que hemos vuelto a decirnos “Hasta luego”. No aprendemos. Supongo que es lo único que nuestras neuronas aciertan a decir. Nuestras mentes están colapsadas de buenos momentos que, quién sabe cuándo, volveremos a repetir.
No acabamos de despedirnos y ya te echo de menos. Echo de menos tu manera de conducir, bordeando los pasos elevados para no volar más de lo debido; hace tiempo llegué a la conclusión de que eras otro de mis ángeles, así que ¿para qué volar sin otra cosa que no sean tus alas? Gracias por todos los paseos por tu cielo. Echo de menos mirarte a loh ohoh y decirte “te quiero” sin hablar, como El Maestro nos enseñó a hacerlo a las dos. Echo de menos tu peculiar forma de hablar en varios idiomas y la forma en la que yo te entiendo hables en el idioma que hables. Echo de menos ver cómo me mandas y ver cómo yo te hago caso por el simple hecho de que si no te veo sonreír me muero. Echo de menos dormir a escasos metros de ti y aún así avisarte de que he apagado la luz de mi cuarto, para que sepas que voy a contarle a mi almohada lo mucho que disfruto a tu lado. Y desde esa maldita ventana, no puedo evitar echar de menos no tener que echarte de menos.

Parece mentira nadie me lo advertía
Aquel día que te hablé…
Y ahora no
encontrarás quien me pueda hacer
Creer que en la distancia no se puede
querer.


Te echo de menos y te quiero aún más que la última vez que nos despedimos. Siempre pienso que parece mentira cómo llegamos a sentirnos tan cerca de pesar de estar tan lejos. Siempre pienso que será imposible quererte más de lo que te quiero esta vez… y siempre acabo equivocándome. Siempre es un andén el testigo de mi ignorancia.

Vuelve la cuenta atrás, te miro y lloro, y lloro,
No soy de piedra y tú en
cambio si eres de oro.
Da coraje saber que lo que ignoran del todo
Es que nuestra amistad se ha convertido en tesoro.
Mira a tu alrededor están cayendo
cristales,
Desde que estás aquí ya no llueve como antes.
Ahora empieza a caminar,
Yo volveré a restar,
Los días que me quedan para volverte a abrazar.
Te vas, comienza la cuenta atrás.


Llueve fuera y llueve dentro. Comienza la cuenta atrás de nuevo. El autobús se pone en marcha y los kilómetros que nos separan se van asfaltando otra vez, poco a poco. Eres increíble. Es lo único que se me ocurre al recordar uno a uno todos los momentos vividos en otra nueva ciudad a tu lado. Si pocos comprenden el origen de nuestra amistad, que no miren mientras caminamos durante horas por calles desconocidas, y subimos a torres desde las que el vértigo no existe si tienes mi mano cerca para agarrarte.

Me he dado cuenta que en el fondo,
La distancia tocó fondo cuando tú entraste
en mi vida.
Sí, lo intentó de malos modos,
Asfaltando los kilómetros que impiden
Que pueda llamarte hoy para ir al cine.
Descuelgo el teléfono, un último intento,
Regreso a la realidad.
Te tengo tan lejos, te siento tan cerca,
Estás en mi pensamiento nada más.


Toco fondo mientras te escribo un mensaje. Regreso poco a poco a la realidad y mientras, paisajes se suceden en la ventana, fundiéndose con fotos en blanco y negro en las que aparecemos con una fuente de fondo, sentadas en la silla de una habitación, celebrando un cumpleaños, bailando al ritmo de una música que en nada se parece a la que alimenta mis oídos ahora mismo… Te siento cerca, muy cerca.

Vuelve la cuenta atrás, te miro y lloro, y lloro,
No soy de piedra y tú en cambio si eres de oro.
Da coraje saber que lo que ignoran del todo
Es que nuestra amistad se ha convertido en tesoro.
Mira a tu alrededor están cayendo cristales,
Desde que estás aquí ya no llueve como antes.
No olvides llámame al llegar,
Quiero saber que estás
De nuevo en ese sitio
Donde no puedo escapar…
Recuerda esto no
es el final.

Ya he llegado. Ahora te llamo para que sepas que estoy bien a pesar de estar anímicamente tocada. Por favor, escápate cuando puedas… necesito volver a verte pronto.

Ahora empieza a caminar,
Yo volveré a restar,
Los días que me quedan para
volverte a abrazar.
Te vas, comienza la cuenta atrás.

Te quiero… y le robo las palabras a quien nos unió… "hasta que el corazón aguante"… por muchas más cuentas atrás.


Canción: Foto en Blanco y Negro (El Canto del Loco)… “Solamente oir tu voz, ver tu foto en blanco y negro, recorrer esa ciudad… yo ya me muero de amor. Ver la vida sin reloj y contarte mis secretos… Y vivir así yo quiero vivir así”
 
miércoles, febrero 15, 2006, rallada de belga_seg a las 2/15/2006 08:32:00 a. m.
nota: lo escribí ayer, pero no quería que nadie pensase que lo hacía por el maldito día de San Isidoro (el del Corte Inglés, no Felipe González)...

Idiota al cuadrado… Como si lo fuera me siento cada vez que te tengo cerca. Me callo, te miro, sonrío y no sé qué decir. Veo cómo mi mirada cae poco a poco sobre un cristal verde y se distorsiona, reflejando mis contradicciones. ¿Te quiero cerca, o no te quiero cerca? ¿Apareciste en mi desierto como oasis… o como espejismo? ¿Te acercaste, o me acercaron? Lo único que tengo claro es que mi miedo es el que te lleva lejos, y yo… me dejo llevar por él.
Dibujo en el suelo dudas con los pies. Algunas llevan tu nombre perfilándolas, y otras, los nombres de quienes me dieron besos en las mejillas. Mis pensamientos coexisten en un griterío que no llega a mi garganta. A veces me pregunto quién le puso una manta a mis labios, que hace que no quieran destaparse, ni despertar de un letargo en el que mecen mis sueños… Mi alfabeto interno se debe de sentir a gusto tan arropado… Otras veces me da por preguntarme, murmurando, con los labios en coma profundo, si no será que todas esas letras que hablan de amor han muerto y no van a resucitar.
Mientras, tú también miras al suelo, y supongo que sonríes pensando en qué decir para conseguir sacarme una palabra. Nada. Ni tú, ni yo. Elevo la vista al techo, luego la clavo como firme chincheta en la pared, y cuelgo de ella proyecciones de mi timidez. Las sombras de un tumulto de gente la bordean, se acercan a ella, agrandándose a medida que rozan los bordes de su figura… Le asustan y ella se achica… otra vez… Y tú vuelves a perderte entre parejas, solitarios, y grupos de gente que ríen sin importarles que mi lengua esté de luto. Cómo me gustaría parar el tiempo en ese momento y congelar todos los cuerpos menos el tuyo y el mío… ¿conseguiría articular palabra entonces?...
Supongo que pienso que no sabré dar la nota… Y al pensarlo, sólo puedo imaginarte dentro de mi cajón de partituras maltrechas; siendo otra corchea sin coleta, otra negra desteñida o alguna de esas redondas anoréxicas… Y la única manera que se me ocurre para alimentarlas es quitarle el pendiente a esa cena… ¿cenar perlas? No, me basta con cenar contigo… donde sea… si tú sigues queriendo, claro.



Canción de la semana: “Idiota” (Nena Daconte)…… “Ya está ahí la luna, qué perra la vida y esta soledad… no quisiera perderme tu tren y saber lo que es malgastarte…….. Solo soy esa cara de idiota”
 
sábado, febrero 11, 2006, rallada de belga_seg a las 2/11/2006 12:17:00 a. m.

Si ves que sonrío, a pesar de la situación, no te quedes colgada mucho tiempo de mi mirada, porque entonces mis ojos no podrán aguantar más y mi sonrisa se quebrará. Sabes de sobra lo que me pasa. No me preguntes, no quiero tener que decírtelo. Es absurdo. A ti te pasa lo mismo y disfrazas lo que llevas por dentro con un chiste fácil… ¿Acaso no te enseñaron eso de que la cara es el mejor espejo del alma? Sigo siendo tu niña, pero aunque a veces no lo parezca, la ingenuidad solo permanece a mi lado en ocasiones. Y esta no es una de ellas.
Hundo la mirada en una bolsa de plástico y noto como se asfixia por momentos, se ahogan mis ojos y empiezan a liberar todo el agua que les sobra. Y tú, empeñada todavía en que te diga cómo me ha ido el día. No quiero hablar. Si me he puesto el antifaz del silencio es porque es el único que quieren mis pupilas, para no ser ellas las que tengan que hablar y decirte con la mirada cómo me ha ido el día. Con máscaras; es de la única manera en la que puedo hablarte hoy… ahora que nos acercamos al carnaval…
Tengo, o tenía, una máscara sobre los dientes, cubriendo con una media sonrisa, la manera en que los unos chocaban contra los otros desgarrando la rabia contenida en mi garganta. Hasta que tú me has empezado a hacer respuestas en forma de preguntas. Tengo una máscara de gritos que visten mi voz. No pienses que es una manera de exteriorizar la ira, y por no tener un precipicio al que empujarla, te la tiro a ti a la cara. No lo es, no me escuches… Simplemente son los harapos con los que he vestido a mi fragilidad en estos momentos. Mis cuerdas vocales han debido de pensar que si se estiran y se hinchan, conseguirán ser tan fuertes como el fino hilo que sujeta el diccionario de mi miedo. No tengo palabras, tengo monemas disfrazados que no quieren llegar a ser más que eso; la mitad de un sinsentido.
Así que por favor no insistas… Sólo abrázame, abrázame fuerte que después de haberme hecho hablar, ya no hay remedio para mis lágrimas, y soy consciente de que siempre han caído mejor sobre tu hombro que sobre el suelo… Y en tu jersey al menos se hunden… bailando en los azulejos no sirven ni para fregar la causa de su desprendimiento…
Y mientras, a pocos kilómetros de aquí, el alquitrán todavía no lo ha cubierto todo… la esperanza sigue bien destapada…
disco de la semana: Relax (Los Piratas)
canción: Inerte... "Mirando al techo fijamente podría sustraerme y separarme de este mundo en un impulso, como en un cuento, separando la gravedad del centro, recorriendo sin movernos el universo... Colgado al suelo, simplemente manteniendo un rumbo inerte, el suelo se convierte en poesía... ¿dónde estarán las cosas que pensamos?"
 
martes, febrero 07, 2006, rallada de belga_seg a las 2/07/2006 02:11:00 a. m.
Acaban de llamar. He de reconocer que he tardado en cogerlo, a pesar de tener el teléfono al lado. Lo he dejado sonar, como queriendo que fuese una pesadilla y que en un momento u otro cesase el maldito sonido, más maldito a estas horas de la madrugada. Me ha recordado a aquella noche de diciembre de 1999… Siempre es la mala suerte, o el peligro, o la incertidumbre vestida de voz entrecortada quien llama a estas horas, cuando nadie se lo espera.
Ella hablaba de ese modo en que lo hace cuando sabe que el mundo se sostiene sobre un hilo de voz, que hace equilibrio sobre un único pulmón. Mi padre, que sí que estaba dormido, ha tardado lo mismo que yo en reaccionar y descolgar el teléfono. Yo me he callado, y he seguido con el auricular ligeramente apoyado sobre el oído, sosteniendo el aparato con una mano temblorosa. A lo lejos se le oía a él, con una tos crecida, una tos que no le da tregua ni cuando intenta cerrar los ojos para soñar que va a salir de esta, que todo va a ser como antes, que va a guardar en el armario esa boina que tuvo que comprar para que sus ideas, sus ideas de general, no se le congelasen con el frío segoviano… ahora que había perdido el pelo. Ella repetía una y otra vez lo mismo; que él estaba mal, que estaban esperando una ambulancia, que volvían a lo que se ha convertido en los últimos meses en su segunda casa. Esa casa en la que una vez vi a mi ángel de la guarda, a mi hombre del frío... antes de que se fuese a un lugar donde nadie le fuera a buscar. He tenido que colgar, no quería escuchar más. No quería que su tos se convirtiese en el tic tac de un reloj que, por alguna razón a veces corre más rápido que el tiempo, y otras es como si se parase por momentos, como si las cosas malas tuviesen un día de 48 horas.
Tengo miedo… supongo que es inevitable pensar en eso. Cuando todo parece que va mejor… otra llamada. Ella ya no sabe ni cómo llorar, lo puedo notar mientras habla del estado en el que él se encuentra. El otro día me lo volvió a decir en la cocina; que no podía más. Pero yo confío en ella, sé que sí que puede, porque ha demostrado lo que todos veíamos impensable; que tras su aspecto frágil y su vestido de dependencia absoluta hay una mujer fuerte. El ligero peso de un cigarrillo se vuelve plomo sobre su cabeza, sobre la mía… Yo no me puedo concentrar, sin embargo ella, aunque llora, aguanta… Vamos a salir de esta.
no hay canción, solo el silencio y el eco de mis pensamientos tarareando intermitentemente El Hombre del Frío....
 
jueves, febrero 02, 2006, rallada de belga_seg a las 2/02/2006 11:40:00 p. m.
a una amiga preocupada...
No lo intentes. No me pidas explicaciones, yo tampoco las encuentro. Sencillamente estoy ausente. No te pido que te acostumbres, porque en cuanto Febrero se parta por la mitad, en una de ellas caerán la mayor parte de mis silencios y se callarán, perdiéndose en un agujero negro en el que no existe el eco. Entonces podremos hablar; te contaré mi día, tú me contarás el tuyo, nos reiremos, discutiremos, intentarás que te de “mimitos” y yo te llamaré “pesada”. Te enseñaré mis canciones, tú me pedirás una para ti, y yo te diré que si me la sigues pidiendo, jamás la tendrás. Despertaré a los peluches que duermen sobre tu cama y te tiraré uno a la cara, vendrás a escondidas a mi cuarto y me cambiarás las fotos del corcho, o me escribirás un mensaje en la pantalla del ordenador… Yo llegaré, y sonreiré al ver lo afortunada que soy teniéndote al lado; a pesar de tus ocurrencias.
Pero ahora discúlpame, tengo la habitación herméticamente cerrada y tan sólo un foco de luz alimenta las letras de mis folios. No es que no quiera hablar contigo, es que no tengo nada con que aburrirte. Me miras y me dices que no me crees, que me pierdo en un vicio en el que a veces no existen las caras, y que prefiero un icono a un abrazo. No es cierto. Me vuelves a mirar con esos ojos que, sin hablar, lo dicen todo. Te conozco tan bien que puedo leerte la mente. Es como cuando yo te pregunto “qué te pasa” y me contestas con indiferencia: “nada”, pero sin embargo tu mirada dice “todo”. Lo siento si te he defraudado; no era mi intención.
Tú tirada en la cama y yo sentada en la silla. Te miro y me miras con esa sonrisa incrédula, y no se me ocurre nada que decirte. Tú tampoco hablas; insinúas que ya me lo has dicho todo. No esperes una respuesta, no la tengo. ¿No ves que lo único que existe en mi habitación ahora mismo es silencio? Mi guitarra está de vacaciones, mis discos acumulan polvo en la superficie de sus cajas… Diriges tu mirada a la pantalla del ordenador, que permanece encendida. ¿Qué quieres? ¿Quieres que confiese que entre consentimiento y consentimiento del vicio, lo único que me consiento a mí misma es el placer de sentarme al teclado de noche a escribir? Está bien; lo confieso. Lo otro… a lo que tú crees que dedico mi tiempo libre, son simples líneas, trazos que dejo caer de vez en cuando.
Bajamos a cenar y ahora estoy más ausente todavía. Ya ni me miras; así es mejor, porque en caso de que lo hagas, seguramente conteste a tus ojos con una estúpida sonrisa de esas que dejan escapar un suspiro acompañado de ese pensamiento tan recurrente: “¿y qué quieres que le haga?”. Es el pensamiento que entorpece el orden lógico de los acontecimientos, formulando otra pregunta sin hallar respuesta. Tú habla, que yo mientras converso con mi silencio acerca de mis 1984 ilusiones perdidas, de un honor también perdido a causa de un laberinto de soledad en el que yo me he adentrado queriendo… Me llego a plantear incluso, que quizás Primo Levi, superviviente de un campo de concentración nazi, no sería capaz de salir vivo de él… porque sus paredes (las del laberinto) están hechas de ladrillos de silencio… Y el silencio, no todos lo entendemos por igual… Te pido que comprendas que para mí ahora mismo es esencial.
Siento que sientas que me estás perdiendo, porque es lo último que se me ocurriría en el mundo; crear un espacio entre tus bobadas y mi seriedad (en ocasiones), entre tus borracheras y mi sobriedad, entre tus rumbas y mis canciones deprimentes, entre tu corcho vacío y mis mil y una fotos… porque al fin y al cabo, tus fórmulas no se completan sin letras, y mis textos no sobreviven sin su número final, que no es otro que este: 1000 besos….. prometo volver pronto.


Canciones de exámenes (tradición, ritual o manía desde que me acompañaron en mis noches de selectividad):
“Quiero ser Tú” (Vega)…. “Tumbada mirando al techo, observando las estrellas que caen del cielo, y me pregunto dónde irá mi vida a parar… Me voy durmiendo…”
“I finally found someone” (versión Naím y Vero)…. “Did I keep you waiting, I apologize, I would wait forever just to know you were mine… and I love your hair, I love what you wear, you’re exceptional, I can’t wait for the rest of my life”