viernes, mayo 26, 2006, rallada de belga_seg a las 5/26/2006 12:42:00 a. m.
Querido silencio,
Te escribo para invitarte de nuevo a mi habitación. No he cambiado la decoración porque sé que a ti te gusta así; llena de música callada. Los carteles de los dos conciertos siguen detrás de la puerta, sujetos por imanes inteligentes, de esos que saben bien a qué agarrarse. Las cajas de los discos no han alterado su orden sobre las baldas de la estantería; Alanis sigue a la izquierda de Alejandro, y Vega a la derecha de Tontxu, ocupando el espacio supuestamente destinado a libros y apuntes… o al menos eso dicen mis amigas cada vez que entran en la 124 y se ríen de mi manera de estudiar. No saben lo que dicen. Yo sé que tú me entiendes, porque aunque no hablas, te veo sonreír cuando miras a mi corcho y ves que las entradas ya casi se juntan, formando el marco que encierra el mejor paisaje imaginable; las noches de Madrid desde Galileo hasta Vista Alegre. Es increíble… la música… ¿no crees?
Sí, tranquilo, lo sé. Durante un mes debo concentrarme en esas cuartillas que salen del cuartel de hormigón. Si te invito es porque he desenchufado todo. Todo menos ese foco que tanto te gusta, y por el que se sienten deslumbradas muchísimas letras que dejan de tener sentido a final de mes… aunque ahora que lo pienso, se acaba de fundir. Junio es sinónimo de tu presencia, y la ausencia de cualquier sonido en mi habitación te requiere. Sólo suenan flojitos Damien y Tiza de vez en cuando, pero no te preocupes, no suelen molestar, y sólo susurran en los descansos. Necesito que vengas y llenes este vacío, porque si no suena nada, me apago yo.
Ni siquiera puedo, o no debo, abrazarme a mi guitarra durante un tiempo. Alguien le ha contado que estoy enferma, que iré adquiriendo un color blanquecino a lo largo del mes, “La enfermedad del folio”, y aunque me quiere, teme contagiarse y llegar a perder el precioso color de su madera… Yo sé que eso es imposible, pero supongo que es mejor seguirle el juego de momento, al menos para empezar… Dos no hablan si uno no quiere… Mejor que ella no quiera a partir del domingo, porque aún no nos hemos despedido y yo ya me muero de ganas por abrazarla y contarle de todo…
Ya me despido… Sería un honor que, un año más, aceptases mi invitación.
Un abrazo,

Ana.

PD- Por cierto… dile a Concentración que se venga contigo también, aunque solo sea los días pares. Siempre es un alivio ver que de vez en cuando os lleváis bien.


Disco de la semana: Ultrasónica (Los Piratas)
Canción: El equilibrio es imposible…. “Confía en mí, nunca has soñado poder gritar y te enfureces, es horrible el miedo incontenible. Y ahora ven, dame un abrazo, no te conozco cuando dices qué felices, qué caras más tristes…”
 
lunes, mayo 15, 2006, rallada de belga_seg a las 5/15/2006 04:00:00 a. m.
Hace unos meses, un amigo me pidió que escribiese un relato para su blog... con su permiso lo reutilizo... no tengo mucho tiempo para escribir y además me da pena que esto no esté por aquí... creo que es de lo mejor que he escrito... igual me equivoco...
Siempre me he preguntado qué sienten o han podido sentir para llegar hasta ahí, cuánto miden los segundos, en qué piensan, por qué lo hacen... por qué desde ahí...

- Ya estoy aquí; ahora de nada sirve mirar atrás. Si levanto los brazos, casi toco el cielo… y si salto… si salto me doy de bruces contra él. Me lo merezco; mataros a los dos sería condenarme al infierno, y aunque es lo que más me apetece en estos momentos, siempre me enseñaron que terminaría en el cielo. Y allá voy… Ya no merece la pena mantener los pies en tierra, sobre estos adoquines que han sentido el peso de mis zapatos junto a los tuyos durante tantas y tantas horas… tantos paseos que ahora parecen mil pasos dados en falso. Falsa. Esta vida es de mentira.
“Mira lo pequeño que se ve el mundo” decías cada vez que subíamos aquí, a nuestro rincón, y yo fingía que miraba. En realidad me pasaba los minutos observándote de reojo, sujetándote fuerte de la mano. ¿Sabes? Siempre tuve vértigo; estar contigo significaba volar y tenía miedo de caer en algún error; miedo a dejar de caminar siempre con la cabeza a tu misma altura, orgulloso de tener a mi lado la sonrisa más bonita del mundo. ¡Dios! Sí que se ve pequeño, sí… Es la primera vez que miro al suelo, y el hecho de no tenerte al lado hace que lo vea más pequeño todavía, reducido a la millonésima parte de lo que era entonces, porque mi único mundo has sido tú y ahora es otro quien tiene el mundo entre sus manos.
Es curioso, el corazón me late a la misma velocidad a la que me latía estando contigo… ¿Qué estoy haciendo? No, el infiel no soy yo… o sí… Tengo la sensación de estar tan enamorado de la muerte como lo estuve de la vida. Me apetece besarla con tanta pasión como me apetecía besarte a ti cuando aún no éramos nada. Nado entre recuerdos, y me doy cuenta de que quiero estar tan seco de ellos como lo está de agua el que va a ser testigo en primer plano de mi muerte.
A ver si se van ya los dos ilusos que tengo al lado. No tendrán más de quince años, y se abrazan con tanto ahínco que me dan ganas de decirles que no malgasten sus fuerzas, que cuando llegue el momento de necesitarlas no les quedará ni un resquicio de ellas… como a mí. Las noches que pasamos en vela en la misma cama se las llevaron todas. Todo. Para mí lo eras todo, pero ya veo que para ti sólo llegué a ser “algo”; algo prescindible, un juguete con el que matar el aburrimiento para luego abandonarlo por uno más nuevo. Debí imaginarlo cuando te vi tirando con indiferencia aquella muñeca que siempre te acompañó en tu solitaria infancia. “¿No te da pena tirarla? Siempre me has contado que fue tu única amiga cuando eras pequeña”… Tu respuesta suena ahora tan contundente: “Renovarse o morir”. A mí también me dijiste siempre que yo era el amor de tu vida… Y ahora probablemente tú estás a milímetros de renovarte… y yo a escasos minutos de morir.
Estoy a punto de saltar al vacío, como lo hizo aquel niño tímido, de gafas y pecas que pintaban su cara cuando te dijo por primera vez que fueses al cine con él, conmigo. ¿Sabes? Me estoy dando cuenta de que nuestra historia es de película, de esas de las que acaban mal, de las que nunca querías ver porque te hacían llorar y lo único que te consolaba era que yo estuviese ahí para secarte las lágrimas. No te preocupes si cuando te enteras de este final no estoy yo a tu lado para colocar cuidadosamente cada lágrima sobre un pañuelo; tranquila, le tienes a él. Solo una cosa te digo, si es que me estás escuchando… Ya sabes… siempre tuvimos algo parecido a la telepatía, o ¿también me mentías cuando decías “Te quiero” en el preciso instante en que yo pensaba lo mismo?... Bueno, lo que te quería contar era que si aquel niño tímido se hizo un hombre, fue por ti, y que si tiró sus gafas a la basura fue porque le bastaba ver el brillo de tus ojos de cerca, para saber que a lo lejos había un futuro prometedor y no necesitaba ver más. Ahora me doy cuenta de que además de ciego siempre fui gilipollas, y lo seré hasta la muerte, porque ¿sabes qué? A pesar de todo, te sigo queriendo.
Ya tengo los dos pies sobre el muro y cada imagen de mi vida pisoteando mis párpados a toda velocidad. No veo nada. Escucho pasos. Siento respiraciones cerca de mí. No, no puedo girar la cabeza, ahora no.
¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhh!

…………………….

En eso pensaba mientras estaba ahí arriba, doctor… No estoy loco, sólo necesito pastillas para olvidarla. Espero que existan… sino, prefiero dejar de existir yo.


Canción de la semana: “Los Siete Pecados” (Luis Ramiro)… “Pereza es tener que rezar cuando solamente creo en la cruz de tus brazos. Ira es esa cosa que tiene tu padre porque sabe que no soy tu príncipe encantado…”
 
lunes, mayo 08, 2006, rallada de belga_seg a las 5/08/2006 01:03:00 a. m.

Desde hace años sé que si ella tropieza, yo caigo; que si yo me pierdo, ella no duda en desorientarse conmigo; que si alguna de las dos lloramos por dentro, la otra lo hace por fuera. Ayer ella despegó, y aunque aún no está muy lejos del suelo, yo ya tengo construida una torre de control en mi teléfono, y un hangar en mi habitación, por si alguna vez necesita resguardarse del frío de las alturas. Unos señores le dieron un diploma y le dijeron que ya estaba preparada para dar masajes y curar músculos. Me extrañé. Nunca me había parado a pensar que ella siempre lo había estado; desde que nos conocemos, y ya han pasado más de catorce años, no ha habido vez que se haya negado a masajear mis penas, haciéndolas menos dolorosas… Y ¿qué decir de todas las veces que se ha encargado de curarme el corazón?
Nos vimos por primera vez en un supermercado; las dos llevábamos el mismo abrigo blanco, y su padre y mi abuela sonrieron ante la coincidencia. Supongo que aquel día, sin darnos cuenta, intercambiamos abrigos de por vida; ahora tengo frío hasta en verano si me falta su abrazo.
Las frutas y las verduras fueron testigos del primer cruce de sus ojos azules con mi mirada oscura, pero la casualidad quiso que los árboles de la Fuencisla no se perdiesen nuestras primeras horas de juegos. Un día aparecí en su colegio, vistiendo el mismo uniforme que ella llevaba puesto desde hacía tres años. No me hizo ni caso. Vi cómo intercambiaba hojas perfumadas con otra niña y me acerqué a enseñarle las mías. Nada. Creo que ha sido de las pocas veces en las que en vez de haber secado mis lágrimas, me ha hecho llorar. Por fin me atreví a decirle que yo era aquella niña con la que había jugado cerca del Pinarillo y… en el mismo segundo en que mis labios pusieron punto y final a la frase, ella puso la primera letra de una historia que espero que no termine en la vida; la de nuestra amistad.
El colegio fue el escenario sobre el cual se vio crecer a dos contradicciones juntas; Recuerdo sus zapatillas de Xuxa a la última moda y sus grandes gomas con pompones (iguales siempre que las de sus hermanas), mientras yo llevaba unos tennis desgastados y unas diademas en las que se enredaba mi pelo castaño; Recuerdo sus saltos sobre la cuerda, mientras yo corría detrás de una pelota; el video de nuestra primera comunión; los cambios de clase, viéndonos solo durante los recreos… Recuerdo sus autógrafos de las Spice Girls y mi sana envidia; la llegada a Secundaria y su primer novio, los pendientes de Piolín que él le regaló y el beso que ella le negó; su primera ruptura; su siguiente novio; el siguiente; su otro ligue; otro más… mientras, yo esperaba. Recuerdo que a veces le decía que no podía seguir así, y recuerdo también cómo le daba igual. Pero si hay un recuerdo que tengo grabado es la primera vez que la vi con un cigarro en la mano; fue la segunda vez que me hizo llorar, aunque ella no me vio, y supongo que no lo ha sabido hasta este momento. Ahora simplemente me limito a decirle “me dijiste que lo ibas a dejar…”. Recuerdo el día que me fui lejos y la tarjeta que ella no firmó… Fue la única que prefirió demostrarme que los “te quiero” y los “no te olvidaré” no tienen sentido si no van acompañados de actos…
Hace poco que entramos en la Universidad y ella ya está saliendo… Seguimos igual… ella castaña y yo morena, ella perfectamente conjuntada, y yo casi perfectamente desastrada con mis vaqueros, ella de ciencias y yo de letras… Ella sigue siendo la que liga, pero ahora, por primera vez, parece que tiene a alguien que la merece justamente… que sus besos le ha costado… Yo sigo esperando, pero me da igual… Los temas de conversación no se acaban, y si lo hacen, el silencio es de todo menos incómodo. He conseguido pegarle alguna de mis rarezas, y ahora prefiere cualquier café conmigo, sentadas en nuestro rincón reservado de La Colonial, viendo la gente pasar, antes que una discoteca con música hortera sonando a todo volumen…
Despega, y yo, todavía desde el suelo, lo hago con ella; con mi mirada, que espero que no se canse nunca de seguir su vuelo… Ayer iba guapísima, pero eso hizo que tiritase de frío… Le ofrecí mi chaqueta, se la puso, y entró en calor… es cierto: seguimos compartiendo el mismo abrigo…

Te quiero peque, enhorabuena!


Disco de la semana: Ajuste de Cuentas (Quique González)
Canción: “Pequeño rock and roll” …. “¿Quién te espera en una habitación de hotel? ¿Quién se estrella cuando tú te estrellas también? Después, a la hora de la pena, dos Gin Tonics no te sientan tan bien y tengo que ofrecerte yo el aire de la calle”