sábado, junio 24, 2006, rallada de belga_seg a las 6/24/2006 12:35:00 a. m.

Anita sube al autobús, saca el billete por tercera vez en menos de un minuto, lo mira fijamente, busca su número y se alegra de no encontrarlo. Levanta la cabeza en un movimiento rápido, lo suficiente como para ver que al fondo hay sitio, y en otro acto reflejo, sus ojos vuelven a apuntar al suelo; en diagonal, para no chocar con nada. Camina firme hasta el último asiento en el que la ventana ocupa todo el lateral. Pulsa play, mira al cielo, se acomoda en su sitio, y recuesta su mirada a media altura del cristal. Sonríe. A veces sus labios pierden el norte y sonríen al revés, pero nadie se da cuenta; Anita sabe disimularlo. Otro viaje más por la A-6, la sierra sigue en su sitio la mires por donde la mires, probablemente la misma música, pero diferente… Aunque nada cambie, siempre es diferente.
Anita tiene escondida, entre su cabeza dura y su pálido cuello, una batidora que acelera su velocidad cada vez que una de las manos de Anita sujeta su frente. Anita nunca ha sabido cocinar, probablemente es de las pocas cosas que no ha cambiado en ella; por eso, la receta de hoy es la misma de siempre: deseos picados con una fina capa de nostalgia rallada. Después de tanto tiempo ha acabado saboreándolo y todo.
Dicen que Anita antes era capaz de comerse el mundo. Ahora dicen que es el mundo el que se la come a ella. Anita no cree que eso sea así… no… la mayoría de las veces… aunque cuando se mira en el espejo y ve reflejados algunos momentos del pasado, tiene celos de si misma y le saca la lengua a su imagen, al ver salir de la boca de una niña de un año un “helicóptero” perfectamente equipado, con la hélice milimétricamente colocada sobre la “o”. Es consciente de que ahora le cuesta hasta que la hache muda salga a hurtadillas de su garganta. Anita se vuelve a mirar en el espejo. El filo de sus ojos podría atravesar el cristal y romper la imagen que la ridiculiza en pedazos.
Y es entonces cuando Anita se inventa una explicación para la sinrazón, y le cuenta al espejo, con una pizca de resignación y una cucharada de autoestima, que aquella niña se debió de cansar de hablar tanto un día, y por eso decidió limitarse a observar, escuchar, tomar nota, y de vez en cuando, dejar escapar una hache intercalada entre timidez desahuciada e inherencia de ésta y el silencio partida en dos.
Así que si alguna vez te cruzas con Anita, le dices algo, y ella se limita a sonreír… es buena señal, al menos todavía ese recurso de darte las gracias infinitamente (por lo que sea) no se le ha desgastado…



Disco de la semana: BSO de Amelie
Canción: Comptine d’un autre été… “Tirorítiroriiiii tiroritirori … tiroritiroríi… tirora… tirorítirorii, tiroritirora, tirorítiriori tirora… pinn pan… pan pan… pin pan… pin pan…”
 
jueves, junio 15, 2006, rallada de belga_seg a las 6/15/2006 12:50:00 a. m.
http://www.polse.com/postals/castella/pix/upload/3257078855.jpg (esa es la foto, por alguna razón en los dos últimos posts no he podido poner foto :()
Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo y la manera en la que algunos amigos sobreviven a él; a pesar de las patadas, de los golpes más dados, de las uñas clavadas inintencionadamente. Parece mentira cómo no te has cansado de mí después de tantos años juntos, y sobre todo, de todos los comentarios que has tenido que soportar por ir pegado a mí, porque al fin y al cabo duele más cuando faltan al respeto a un amigo, que cuando se lo faltan a uno mismo.
Desde que te conocí te has ido convirtiendo poco a poco en mi mundo, en un mundo siempre a mis pies, siempre dispuesto a cualquier paseo a cualquier hora, mientras te piso esa cabezota tan dura que tienes a veces, o entusiasmado por conocer nuevos lugares entre mis brazos si no encuentro la ocasión de dejarte caminar por tu propio “piel”. Ya sabes que de pequeña no me importaba cuando te rebelabas, y si yo te decía “izquierda”, tú decidías (por cabezonería, estoy segura) escoger el camino de la derecha; pero ahora no te aguanto cuando me dejas en evidencia delante de la gente… Pero bueno, supongo que eso forma parte de tu encanto, que nunca te cansas de enseñarme que no te conozco tan bien, y que vale la pena seguir al lado el uno del otro… aunque ahora llevemos un tiempo distanciados.
¿Recuerdas el día que nos conocimos? No, yo tampoco, la verdad… Han pasado tantos años… y tantas cosas… Mira la foto; me acuerdo de todos los consejos que tomaba de los dibujos de la televisión; “tiene que ser tu mejor amigo, lo tienes que llevar contigo a todas partes”. Tiene su gracia, pero creo que así nos fuimos entendiendo poco a poco. Te llevaba a clase, te aburrías con las ciencias sociales y te dormías, apoyado en los abrigos que caían del perchero. Luego, de vuelta a casa, sólo me apetecía ir contigo, mientras mis empeines besaban con cuidado los hexágonos de tu cuerpo… Supongo que ahí nació mi locura por querer acompañarte hasta el otro lado del charco si hacía falta; llegar a pensar que cambiaría el color de mi bandera por estar contigo; dibujar más y más pájaros en mi cabeza, ayudada por los trazos de varias personas que me dijeron que habíamos nacido el uno para el otro. Esos pájaros han sido las mejores mascotas que he tenido en la vida; hasta que la realidad los mató de un disparo… Tiene buena puntería la realidad… pero bueno, a veces resucitan en sueños, o en momentos ya vividos, y yo me alegro por ello. Porque tú sigues cerca de mí, y de vez en cuando me encanta contarte estas tonterías.
Hoy he estado viendo por la tele a uno de tus familiares lejanos, y no sé si por lo bien que le quedaban las cuatro redes en la cabeza, o porque me he acordado de cuando tú y yo correteábamos por céspedes belgas, me he emocionado algo más de la cuenta, como en los viejos tiempos… echo de menos no tenerte tan cerca… pero tranquilo, ya sabes que siempre vuelvo para demostrarte que te sigo teniendo controlado.


Canción de la semana: “Opá amo apo el mundiá” (El Koala)… pero no me sé la letra porque eso es todo lo que escucho en el anuncio… y a todas horas...
 
lunes, junio 05, 2006, rallada de belga_seg a las 6/05/2006 11:20:00 p. m.
Un ojo se abre ya por inercia e intuición mientras el otro espera tres minutos a que suene el despertador. Hasta el sonido de la alarma me recuerda a tan tempranas horas del día que en mi cama seguimos durmiendo “mi soledad y yo”… Desde hace unas semanas me levanto cantando la misma canción cada minuto treinta de las siete de cada día. Viaje al baño todavía subida en el tren de un sueño que roza el sinsentido, y un saludo al espejo mientras se ríe de la legaña que se ahoga en el lavabo. Suspiro y animo a mis piernas a bajar las escaleras. Mis ojos se burlan de ellas, cuando abriéndose, ahora sí, de par en par, miran por la ventana y se sienten privilegiados de poder ver el espectáculo de un amanecer detrás de cada arco del Acueducto. Increíble. Merece la pena despertarse sólo por ver eso cada mañana. Lástima que dentro de dos días mi mirada tenga que volver a levantarse con una fachada decorada con bragas de colores delante… y eso… no motiva tanto.
Vierto la mirada sobre el café, que me recuerda que todo se ve más oscuro en estas fechas… Oigo de fondo un telediario y llego a llorar hasta por la muerte de Rocío Jurado… “lo que te faltaba, ¿y tú quieres ser periodista?¿Alguna vez te ha gustado esa señora?... No, pero me da pena. También lloré cuando murió Jesús Gil…”. La cafeína no se ha estudiado su lección y me obliga a ponerle un cero tan redondo como mi boca al bostezar delante del primer folio de apuntes. Ya sólo me quedan catorce horas de las que, como siempre, terminaré aprovechando cuatro. Mierda, se me ha olvidado hasta restar; menos mal que sigo siendo de letras.
A los segundos solo les faltan dorsales para parecerse a Carl Lewis, y yo aún sigo, cual tortuga, rozando la línea de salida. “Así no vamos a llegar a ninguna parte”. “¡Joder! ¿¡Quieres concentrarte!?”. “Necesito alguien que me abrace por la espalda y me quite la ansiedad de encima”. Creo que es lo único que necesito. Me vuelvo disléxica con las fechas, y el único tratado que recuerdo es el que firmé conmigo misma en febrero. Ese que ratifico al menos dos veces al año y que siempre acaba caducando antes de tener mi nombre estampado… Lo he vuelto a hacer; he vuelto a dejar todo para el último momento y la crisis de la silla vacía ya no me entra (con perdón) ni por el culo, que parece pegado con superglue a la tela azul. Al menos tiene ruedas y aún puedo moverme, aunque no sea por mi propio pie.
Son las ocho de la tarde y todavía hay sol y niños jugando en la piscina que está justo en frente de mi ventana. Tengo lagunas en los apuntes, frases que se intercalan con espacios abiertos a la imaginación, pero por suerte o por desgracia no puedo inventar la integración de Europa. Probablemente si pudiese hacerlo, quizás en estos momentos, o quizás en otros, la frontera entre España y Bélgica no estaría tan lejos… y habría amaneceres en los que me despertaría con el olor de la lluvia, que en época de exámenes siempre fue mejor recibido que el sol. Ceno sin apetito y a contrarreloj. “Tengo que terminarme el tema como sea”.
Llegan las doce; doy la vuelta a los folios y les pongo a dormir. Mañana será otro día (desaprovechado en gran proporción, supongo, como siempre). Recojo lo que se ha ido acumulando sobre el edredón mientras otra canción me recuerda que mi seguridad se quebranta al borde de una cama sin mitad…
Con Dios me acuesto, con Dios me levanto…


Canción de la semana: “Un cigarro por la noche” (Tiza)… “Y es entonces que a oscuras me faltas, mi seguridad se quebranta al borde de una cama sin mitad… creo que te debo unas cuantas cicatrices abiertas para ir cerrándolas detrás…”