sábado, septiembre 30, 2006, rallada de belga_seg a las 9/30/2006 10:44:00 p. m.
En estos momentos tengo (salvando las distancias) la misma carita... estos pellizcos del sur no duelen... porque han pasado a ser sueños... gracias a todos, comienza la cuenta atrás. Os quiero.
Un despertador a las 5:45 de la mañana. Tu imagen reflejada en el cristal de dos autobuses diferentes, en medio de mil paisajes diferentes, en la copa de millones de árboles diferentes que hacen que las 1+6 horas de viaje no se hagan eternas. Decenas de canciones que llevan tu nombre de manera subliminal. Mi llegada a Sevilla. Tú esperándome en el andén. Un abrazo después de siete meses que me sabe tan bien como cuando me los dabas cada hora aquel diciembre madrileño en que nos conocimos. Una camiseta del Sevilla y, por fin, pisar la famosa Puebla de Cazalla. Risas alrededor de dos micrófonos y un karaoke. Flamenquines recién hechos y prisas para llegar a tiempo a la excusa de mi viaje. Tu abrazo en mitad de la calle (que no elimina el que me has prometido). Y el tuyo, y el tuyo, y el tuyo, y el tuyo… un concierto a metros del Guadalquivir cargado de promesas. Conocerte y perder en quién es más tímida de las dos (por mucho que digas que no…). Cuatro camaleones firmados y un te quiero. “Nos vemos en Madrid” y otro viaje de una hora hablando de infidelidades.
Conocerte y subir a La Giralda. El laberinto de jardines que encierra el Alcázar de Sevilla, indefinibles con otra palabra que no sea ‘espectacular’. El huevo derecho, o el izquierdo de Colón. La primera despedida y un “gracias por todo” que aún no he conseguido encajar. La segunda despedida sin querer mirar atrás. Mi primer viaje en AVE. Mi llegada a Córdoba y tu abrazo, y el tuyo. Presentaciones y más presentaciones. Acrobacias en el Bulevar.
Decenas de Veros vigilando mi sueño. Despertar sabiendo que te voy a ver. Pasas separadas de los cornflakes. uVe. Otro abrazo en el que no quiero soltarte. Conocerte por fin y comprobar que “la mandona” está a buen recaudo. Risas. Risas. Sonrisas. Tus locuras. Risas. Carcajadas. Sonrisas. Tus ocurrencias. Entrevistas de trabajo que me roban los minutos a tu lado y me los regalan al tuyo. Horas en el gimnasio que me pesan más que a ti las pesas. Nesteas y más nesteas en un bar y en otro. Salmorejo… salmorejo y más salmorejo. Quedada casi in extremis. Dices que no te encuentras bien. Felicidad y tristeza bajo los chopos. Llamas una hora más tarde y parece que te encuentras mejor. Apareces y me robas todas las sonrisas. Descubro que tengo un padre cordobés. Marujeos y más marujeos. Cambio de planes e incredulidad. Me encantan las sorpresas. Cinco goles y dos de Raúl. Más Veros de noche y tu carita mientras duermes por la mañana, contemplándote sin querer despertarte. Más salmorejo y tu simpatía, y la tuya, y tu extraña timidez. Entrevistas de trabajo y gimnasios que pasan a ser ladrones descarados. Más risas y más sonrisas. Conversaciones con mensajes entre líneas en un foro a las 2 de la mañana.
Último día. Los segundos corren más de lo habitual. Otro de esos abrazos que duelen, quiero que subas pronto a verme. Saludos y despedidas en menos de 15 minutos. Tu llamada. Las últimas prisas, las últimas risas, los últimos abrazos que son solo para mí… Tu segunda llamada. Despedidas y miles de gracias. Tu coche preparado para el viaje. Eres especial, mi penúltimo abrazo es para ti, por hacerme sonreír a cada momento, nos vemos pronto. Una coca-cola sin cafeína para ti, y otra para mí. La planta de Amelie. “Dúos soñados” en la carretera… con Quique González, con Christina Rosenvinge, con K’s Choice… me pones la piel de gallina. Tú preocupándote por mí cada 20 minutos. Parada, meada y chocolates. Conversaciones banales y trascendentales. Despeñaperros; prueba superada. Ojalá pudiese sacar mi mp3 y grabarte “destrangis”. Parada, compras el famoso queso y te vuelves una histérica antes de darte cuenta de que tienes el móvil justo a tu izquierda. Maketiza; otra prueba superada. Más conversaciones y muchas risas, parece que confías en mí. No quiero que este viaje se acabe nunca. Abrazo gigante en la puerta de mi casa. Sé que lo sabes… eres adorable…



Disco de la semana: Cama-león (Tiza)
Canción: Segundos en el Tintero… “y el asfalto era la arena, y aquel rellano tu playa y los faros luna llena, y el neón de las fachadas tiritaba a nuestro paso cuando el calor le robabas y lo ponías en mis labios”.
 
viernes, septiembre 22, 2006, rallada de belga_seg a las 9/22/2006 02:37:00 a. m.
ya sé que no suelo poner 2 posts tan seguidos... pero hoy alguien ha tenido un detalle enorme conmigo y sólo sé agradecérselo de este manera...
“Tengo una cosa para ti”. Hacía tiempo, mucho tiempo que nadie me decía algo así… y de repente, un regalo envuelto en papel albal… sorprendida por partida doble. Sonrío de forma incrédula y lo miro, como si fuese el bocadillo de nocilla de un niño a la hora del recreo. “¿qué será?” me pregunto, pensando que parece tener la forma de un libro. Quito el celo y veo, sobre una tapa negra, un lápiz, un 2B de Fabercastell, de rayas rojas y doradas, como el que utilizaba en el colegio cuando era pequeña. Intrigada, termino de desenvolverlo y bajo la goma que cierra lo que parece ser un montón de hojas en blanco, veo que hay atrapada una nota. “¿Lo puedo leer?”...
Despliego el papel y sonrío al ver la tinta de una pluma: había olvidado tu forma de tomar apuntes en clase, como si estuvieras escribiendo una auténtica novela, convirtiendo lo aburrido de la sociología de la información en un espectáculo para la vista. Siempre me han fascinado las letras escritas con pluma; parecen la aristocracia de los folios en blanco… y de repente me encuentro que parte de esas letras vestidas de gala me invitan a su fiesta. ¿Gracias? No entiendo… Yo lo único que he hecho ha sido prestarte unas hojas manchadas de bic y rotulador fosforescente… y tú me estás regalando tu sexto sentido… la que está más que agradecida soy yo. Termino de leer la nota, descubriendo que hay más… que hay una primera página escrita, y música que acompaña a esas letras. Ahora sí, me espero a llegar a casa, a pesar de que la impaciencia me salude por la ventana a lo largo de todo el trayecto y me acompañe por todo Segovia. Al llegar a mi habitación, lo primero que hago es sacar el regalo de la mochila.
Cojo el CD cuidadosamente y lo meto en la minicadena… primera nota de la primera canción y primera letra de la primera página… Llego a esa frase en la que tú dices “todo seguirá su curso, porque cada día es nuevo y es viejo, todo depende de la intensidad con que se viva”… y una vez más me has vuelto a dejar sin palabras… Has hecho que quiera empeñarme en que, a partir de ahora, todos mis días sean nuevos...
Ya sólo me queda saber cómo llenaré mi Moleskine sin que tus letras aristócratas de la primera página se sientan ofendidas… Muchísimas, muchísimas gracias...

Canción del día: Bad day (Daniel Powter)… “Cause you had a bad day, you're taking one down, you sing a sad song just to turn it around, you say you don't know, you tell me don't lie, you work on a smile and you go for a ride…”
 
jueves, septiembre 21, 2006, rallada de belga_seg a las 9/21/2006 12:44:00 a. m.

Una madrugada fría de septiembre de hace exactamente un año… tus promesas golpeando mi cabeza… Y perdí la cordura, y gané la necesidad de darte las gracias sin conocernos de nada… y ya sabes… bendito el momento en que lo hice. Han pasado 365 días y muchas cosas, y mucha gente a la que he conocido gracias a ti…
Desde aquellos primeros correos en los que yo sólo te ponía voz, ni siquiera sabía tu nombre, y tú a mí no me ponías ni cara, pasar por La Colonial ya no es sólo pasar por mi rincón favorito de Segovia, tomar un café mientras miro por ese preciso (y precioso cuando llueve) cristal, con la rueda de por medio, ya no es sólo hacerlo desde “mi ventana”, cruzar la frontera de la ciudad por debajo del Acueducto y mirar hacia arriba, por ver si alguien mira hacia abajo, se ha convertido en algo inevitable… por no decirte en quién pienso cuando no sé qué película ver y termino eligiendo Amelie… o cuando no sé qué disco escuchar y los piratas hunden la indecisión.
Recuerdo cuando llegó el oleaje, y los puntos suspensivos… que no explicaban nada, pero eran suficientes para no dejar que la persona a la que acababa de “conocer”, y que me hacía sonreír con solo una canción, dejase de sonreír ella misma. Me empeñé en dejarte un regalito cada cierto tiempo, pero ni con esas logré que los puntos suspensivos se transformasen en una carita formada por dos puntos y la parte convexa de un paréntesis… hasta que llegaron los idus… de marzo, de noviembre… ¿qué más da?, te dije que no se enfadarían… Les cambié el significado, sin ser carnaval les vestí de Astérix, y te los metí en una cajita, con trece cartelitos con sus nombres pegados a la espalda, para que nunca se te olvidasen. Y cuando aquella noche recibí tu mensaje, en el que se encontraba esta frase; “me has hecho sonreír”, me di cuenta de que sólo por esos 160 caracteres en la pantalla de mi nokia, merecía la pena haberme creído todas tus promesas...
De los conciertos prefiero no hablar hoy, porque cada uno tiene su historia, y cada historia su crónica, así que entre estas líneas no quiero dejarme millones de pequeños detalles que han conseguido que a lo largo de estas 8.760 horas te haya ido cogiendo cada vez un poquito más de cariño. Aunque no te llame nunca para preguntarte cómo va el día, por no molestarte y prefiera inundarte el buzón de tonterías… o aunque cuando nos veamos no hablemos casi… aunque tú me preguntes “qué tal?” y yo sólo acierte a contestar “bien”, sustituyendo tus puntos suspensivos “vía mail” por una sonrisa… Supongo que aunque a veces te pierdo el respeto en los correos que te sigo mandando (y que siguen siendo como el Quijote), y cambio la B de tu nombre por una F, aún no te he perdido la admiración. Y aunque hay veces que espero perderla, otras pienso que mejor no hacerlo… porque significará que no has dejado de enseñarme…
Sé, por ti, que tu vida es un continuo bucle repetido, y que hay muchas personas que antes eran importantes para ti, que se han acabado saliendo de la pista y han acabado cayendo por la cuneta del “olvido” (que tú sabes, mejor que yo, que ese pocas veces viene)… Me gustaría que supieras que si de algo me he dado cuenta en estos 525600 minutos que han pasado desde aquel primer correo, es de que yo no quiero ser parte de ese bucle, que no quiero matarme en ninguna curva, que prefiero ser una línea recta, con baches pero sin fin, y que si me dejas, pinto las promesas con tiza permanente y así el tiempo no borrará todo lo que ellas me han dado en estos 31536000 segundos… y seguirán dándome…

Te acuerdas cuando bajando la Calle Real me preguntaste… “¿por qué Promesas es tu favorita?”… la respuesta es fácil… por todo este tiempo… del verbo brutal. Gracias chica de las promesas.


Canción de la semana: Two beds and a coffee machine (Savage Garden)… “Another ditch in the road you keep moving, another stop sign you keep moving on, and the years go by so fast wonder how I ever made it through”
 
miércoles, septiembre 06, 2006, rallada de belga_seg a las 9/06/2006 01:28:00 a. m.

- Usted dirá.
- Contención pectoral, señor psicólogo; esa es la primera de una larga lista de enfermedades que el doctor me ha diagnosticado, pero que ha sido incapaz de tratar. Me dijo que quizás usted entendería mejor de estas cosas. Contención pectoral… permítame que le haga mi propia interpretación de estas palabras; No voy a dejarle que me toque el pecho, pero si lo hiciese, notaría que el lado izquierdo podría explotar en cualquier momento, que hay acumulados demasiados sentimientos que he sido incapaz de soltar a lo largo de estos años. Le he dicho que ni se le ocurra acercar su mano a mi…
- Tranquilícese, no hace falta, se le ve en los ojos, y no solo en el izquierdo, del que, por cierto, le está cayendo una lágrima. No se preocupe, es uno de los síntomas de la contención pectoral. Pero yo no puedo ayudarle en eso. Es usted quien tiene que encontrarle solución. ¿Lo nota siempre?
- ¿El qué? ¿La contención pectoral? Sí, bueno, no… Es que… a veces no sé si es eso u otra de las enfermedades que el doctor me ha diagnosticado… Quizás últimamente lo note más, sí… será el verano, que la sangre altera.
- Señorita, es la primavera.
- No señor, usted no tiene ni idea. Además, seguramente sea usted discípulo de Freud, por lo que estará alterado todo el año… a mí eso no me interesa. Seguramente ese sea otro de mis problemas, no necesito desnudar cuatro letras y ponerlas a bailar unas encima de otras. Lo que le estaba contando… Lo noto cuando miro sus ojos a lo lejos, se encuentran con los míos y… lo noto cuando tengo cerca su boca y… lo noto cuando se pone a mi lado y…
-¿y?, ¿y?, ¿y?
-… … …
- Vaya, tiene usted un grave problema de contención pectoral… pase al siguiente punto de la lista, por favor… a ver si en ese puedo ayudarle en algo.
- Síndrome de Amelie.
- Querrá decir, de Peter Pan, síndrome de Peter Pan.
- No señor, de ese también padezco, una de sus variantes. Si quiere, ya que lo ha nombrado… a veces me da la sensación de que me encanta ser así… como si fuese menor de lo que soy… pequeña y frágil… como si no quisiera crecer… me encanta que venga alguien por detrás y me alborote el pelo, mientras me dice “qué pasa contigo pequeñaja”, para luego darme un medio abrazo y que yo sólo acierte a responder con una sonrisa inocente, como cargada de ingenuidad… Me encanta verme reflejada en otros ojos con unos años de menos…
- Pues perdone que le diga, que como siga usted así, se va a quedar en los quince años toda la vida, y luego no se extrañe si le piden el DNI en las discotecas.
- Si usted supiera…
- ¿El qué? Ah… tiene usted pinta de ser una de esas raras que no soportan la música a todo volumen de las discotecas… mejor no se salga del guión, porque sino presiento que podríamos pasar aquí horas. Explíqueme el síndrome de Annie ese…
- Amelie señor psicólogo, es Amelie. Pues eso… supongo que al diagnosticármelo, el doctor se refería a que muchas veces quiero arreglar la vida a la gente de mi alrededor y me olvido de los desarreglos de la mía… que me mantengo distante en el cuadro de la realidad, con la mirada perdida en la fantasía, en alguien a quien ni siquiera conozco, en algo en lo que probablemente no pasará nunca… que me empeño en soñar en que esa persona, un día llamará a la puerta de mi casa en el preciso instante en el que mi contención pectoral no pueda evitar el big-bang…
- El big bang… señorita, ¿está usted segura de que su problema no es de alcoholismo?... ah no, lo olvidaba, sigamos sobre el guión… ¿algo más?
- Bueno… no… o sí… son dos cosas que no me ha diagnosticado el doctor, pero que me preocupan seriamente. Estoy convencida de que ahora mismo tengo una fisura entre el sentido y el común. No me mire así, que no puede verlo, pero si me radiografiasen el alma se podría ver, se lo aseguro… los mejores momentos para detectarlo es cuando estoy en el coche, sola, y suenan 8 de cada 10 canciones en la radio, o antes de dormir, cuando mis pensamientos son la única voz que rompe el silencio de mi habitación… Y lo otro, aún no lo tengo, pero lo tendré. Seguro. Conformismo cerebral. Es como cuando mi madre me dice que de mayor tendré dolores de espalda, por ir con la cabeza gacha…
- Conformismo cerebral dice… no había oído cosa semejante en la vida.
- Pues sí, que al final, todas esas enfermedades que le he dicho; la contención pectoral, el síndrome de Amelie, el de Peter Pan, la fisura… en fin, todo… será neutralizado por el conformismo cerebral. La razón acabará imponiéndose a todo, y seré feliz a pesar de nada.
- Está usted verdaderamente desequilibrada… No se me ocurre otra cosa que proceder a hipnotizarla, y a ver si de esa manera logramos evitarle parte de sus males. Cuando cuente “tres”, usted se dormirá.
- ¿Está loco? Mi sueño es mío, y de nadie más. Comparto inevitablemente la realidad, pero en sueños no la respeto… usted ya ha hecho su trabajo; me ha escuchado despierta… suficiente. Dormida sólo le hablo a mi almohada.



Disco de la semana: sorpresa
Canción: más sorpresa todavía