martes, noviembre 28, 2006, rallada de belga_seg a las 11/28/2006 08:24:00 p. m.
(siento que sea tan largo el soliloquio de hoy... pero creo que a veces merece la pena alargarse... gracias por llegar hasta el final...)

Es una vez, un momento, un instante, un ahora, un alguien con dos manos, diez dedos, un corazón y una cabeza que a estas horas de la noche está pensando en ti y escribiendo para ti. Tiene palabras y espacios, letras que junta despacio y escoge milimétricamente, para que te vayas durmiendo, al ritmo de la velocidad de las teclas golpeadas sobre una máquina de escribir… en pleno desenlace de una novela de suspense. No quiere que cierres los ojos de golpe; si lo haces, tus sueños más delicados, esos que llevan haciendo cola en tus retinas desde primera hora del día, desde nada más despertarte, podrían salir disparados y perderse en partes del cuerpo en las que nunca nadie les enseñó a sobrevivir. ¿Y quién ocuparía su lugar?
Ese alguien ya sabe uno de tus secretos, y no piensa dejar que el aforo del Morfeo que se abre cada noche en tu cabeza se complete con pesadillas vestidas de negro. No deberías tener miedo, porque aunque tú no lo puedas ver, ese alguien ya se ha encargado de colgar un cartel sobre las puertas de tus ojos, en el que dice en mayúsculas: “Se reserva el derecho de admisión”.
Te preguntarás quién es ese alguien… una vez le dijiste que era un ángel, y le gustó. Desde entonces se ha encargado de buscar en enciclopedias y libros de Historia qué es un ángel, porque siempre le han llamado muchas cosas, pero nunca antes le habían dicho que era un ángel, y nunca antes un “eres un…” le había gustado tanto. Desde entonces necesita saber qué es exactamente lo que es…
Eres un amor”, le dijeron una vez… y lo meditó, y aunque al principio le gustó mucho, luego pensó que no le habían especificado qué clase de amor era. Pensó que había amores no correspondidos, amores imposibles o platónicos, amores de barra, amores secretos, amores de pegatina, amores de farmacia, amores locos, amores de verano, amores de madre… Decenas y decenas de tipos de amores, y por lo tanto, decenas y decenas de posibilidades de ser cualquiera de ellos sin quererlo… Aunque reconoce que lo que más le asustó fue la idea de poder ser uno de esos amores que matan. Sería incapaz de hacerle daño a nadie, y mucho menos por amor… o al menos eso creía. Así que se sonrojó, porque sabía que quien se lo había dicho lo había hecho con mucho cariño, y no le dio más importancia.
Muchas veces le han dicho eso de “eres un cielo”, y la mayoría de ellas ha puesto cara de susto. Nunca le ha gustado asumir grandes responsabilidades, se considera frágil, y ve el cielo tan inmenso, que sabe que hasta siendo el propio cielo, se perdería en sí. Lloraría y llovería, y no le gusta que llueva, porque se le estropea el pelo, no tiene a nadie que le dé la mano para saltar los charcos, y sabe que no es la única persona en el mundo a quien le ocurre lo mismo. Sólo le gustan las tormentas cuando está en casa… y hasta un recién nacido sabe que los cielos no caben en una casa. Además, en esas ocasiones en las que le han dicho que es un cielo, se ha preguntado si sería un cielo de día o un cielo de noche, uno de verano o uno de otoño, uno de invierno o uno de primavera… Y es que en verano le gusta contar estrellas desde la terraza de la habitación de sus padres; así que si fuese un cielo de noche y de verano a la vez, no podría contarlas, sólo sujetarlas. Y eso era lo último que quería ser en el mundo; un cielo perchero. Por no hablar de las nubes… los centenares de lunares que siempre han vestido su piel serían sustituidos cada día por millones de nubes repartidas por todo su cuerpo de cielo, y aunque sus lunares no le gustaban demasiado, al menos estaban, en cierta medida, localizados.

Las nubes cambiarían de sitio cada día, se moverían, se desplazarían de aquí para allá y de allí para acá. Sus lunares eran redondos y no mutaban su forma; con las nubes correría el riesgo de tener serpientes, conejos, barcos, coches… Todas esas cosas que es capaz de imaginar la gente al mirar al cielo y ver una nube… Además, según pensaba esto, se dio cuenta del gran número de aviones que atravesarían cada día su cuerpo siendo un cielo… ¿dolería un avión atravesado? ¿dónde estaba el alma de un cielo? La catástrofe sería tremenda si un avión la atravesase por su culpa, por desconocer dónde estaba el alma de un cielo, y ser incapaz de protegerla del peligro. Después de plantearse todas estas cosas, se dio cuenta de que ser un cielo tampoco era lo que quería ser.
Y entonces llegaron un montón de personas que se pusieron de acuerdo para hacerle ver que era un encanto… “Eres un encanto” repetían, como copiándose los unos de las otras y los otros de las unas… “Eres un encanto” una y otra vez, y otra, y otra… y ya se sabe que cuanto más escuchas algo, más te lo crees… y se creyó que era un encanto, sin saber muy bien lo que realmente era. Hasta que un día tropezó con un diccionario abierto por la “e”, y se le ocurrió buscar el significado de “encanto”. Le gustaba ir siempre a la tercera acepción, porque consideraba que la primera era demasiado superficial, la segunda era la herida de la palabra, y la tercera era el centro, la esencia de todas esas letras juntas. Y se llevó una decepción al ver que decía “3. Atractivo físico”. No quería ser el físico. Se negaba a ser el físico. Toda su vida dedicada al romanticismo, y de repente un diccionario le convertía en barroco, en físico, en todo por fuera, nada por dentro. Siendo un “atractivo físico” (osea un encanto) atraería a las personas no por quien fuera, sino por quien el resto de la humanidad decidiera que tenía que ser. Y volvió a dar las gracias una y otra vez, pero dejó de ver con los mejores ojos lo de ser un encanto.
Como todas las modas, la frase “eres un encanto” se esfumó de los escaparates de su vida. De la noche a la mañana dejó de ser un atractivo físico, para convertirse en un sol. “Eres un sol”, le escribieron en una ocasión. ¡un Sol! ¡Qué locura! Toda la tierra girando a su alrededor. Le entró la risa. Con lo que le gustaba pasear de vez en cuando sin compañía por Gran Vía, por Fernández Ladreda, por la Calle Real… sabiendo que pocas personas conocían su nombre, su vida, sus idas y venidas, sus preocupaciones… Con lo libre que era y le gustaba ser, y le acababan de anclar casi en lo que algunos consideraban el centro del Universo. Le daba vértigo imaginarse a todos los habitantes de la Tierra pendientes de cada uno de sus movimientos. Agradeció el nombramiento, pero prefirió hacer resucitar a Louis XIV antes de quedarse ahí, viendo pasar generaciones y generaciones.
Y entonces, apareciste tú. Tú y un mensaje de noche. (esto último, aunque pueda parecer una tontería, era muy importante, porque siempre había creído que las mayores verdades se escribían de noche). Y decidiste que era un ángel; algo que nunca antes le habían dicho. Y sonrió. Le gustó. Y como había hecho en ocasiones anteriores, se puso a pensar en los diferentes tipos de ángeles de los que había oído hablar. Le gustaron todos. Incluso le apasionó la idea de ser un ángel caído, exiliado del Cielo por desobedecer; por fin sería algo rebelde sin mayores consecuencias, ya que seguiría siendo un ángel. No tenía alas, pero pensó que no le harían falta, porque existían mil maneras más de volar. Sólo tenía que ir descubriéndolas una a una, poco a poco.
Y fueron pasando los días, y el ángel intentó ir haciéndose, a cada segundo que pasaba, un poquito más ángel, y aprendiendo cada día un poquito más de cada variante. Y esta vez, en este momento, en este instante, en este ahora, con estas dos manos, diez dedos, un corazón y una cabeza que está pensando en ti y escribiendo para ti, tiene adoptada la forma de “ángel de la guarda”. Es quien ha colocado el cartel del derecho de admisión, y no permitirá que ni una sola pesadilla cruce la puerta de tus ojos. Para eso ha escrito este cuento, para reafirmarse como ángel, para guardarte, para que nadie te haga daño por las noches, y sólo el ruido de un despertador te impida seguir soñando. Y aguanta hasta que tú te duermes, sin verte, sin tocarte, pero sintiéndote, y cuando sabe que han entrado todos los sueños, cierra la puerta, memoriza lo que le ha enseñado Kapuscinski, lee un capítulo de Rayuela, y te deja la llave, envuelta en una frase, cerca de la cama… para que sueñes…bonito.


Canción de la semana: “Sunny came home” (Shawn Colvin)
“She says days go by I'm hypnotized, I'm walking on a wire… I close my eyes and fly out of my mind into the fire…”

 
viernes, noviembre 24, 2006, rallada de belga_seg a las 11/24/2006 12:53:00 a. m.

Este año te toca a ti. Sí, tú; esa que a veces viene, otras desaparece, y otras ni siquiera aparece. Me caes bien y no sé por qué. Me pareces interesante. Sí, definitivamente eres interesante. No me preguntes por qué, sólo sé que te llamas Marina, y que si no te sientas con Pablo o con Yolanda, prefieres hacerlo sola, dejando una silla de margen a cada lado. Y siempre atrás; siempre atrás a la izquierda, donde puedes observar a todo el mundo. Supongo que, entre otras cosas, por eso me pareces interesante, porque se ve que eres consciente de que es mejor estar sola que mal acompañada, y eso es difícil de asumir en una facultad con tanta, tanta, tanta gente.
Creo que eres gallega, aunque igual me equivoco. Me encanta tu manera de preguntar en clase. Hay veces que el profesor dice algo e intuyo que vas a preguntar. Y lo haces. Eres la única persona de clase a la que me gusta ver levantando la mano, porque siempre haces preguntas inteligentes o, al menos, las vistes de una forma que lo parecen. Me encanta verte aparecer un día sí y otro no, y otro no, y otro no, y otro día que parece que tampoco, pero de repente vienes a una de las tres clases. Y sonrío al verte cruzar la puerta, y la verdad es que desconozco el porqué, porque sólo sé cómo te llamas (bueno, también sé cómo te apellidas), pero tampoco le busco una explicación. Yo… es que… soy rara, y misteriosa, misteriosa también por eso me encanta fijarme en la gente que me parece más rara y más misteriosa que yo, porque me queda mucho por aprender.
Llegas con tu bolso grande, te sientas, sacas tus gafas de pasta roja, te las colocas cuidadosamente, y esperas paciente a que comience la clase. Te miro de reojo de vez en cuando, y me encanta tu cara de concentración, y tu sonrisa de medio lado, la manera en la que a veces asientes con la cabeza si estás de acuerdo con el profesor. Me encantaría ser tu amiga, o al menos tu conocida, y que de vez en cuando me contases algo increíble que te ha pasado. Y es que tienes cara de haber vivido situaciones increíbles. ¿Ves? No me mientas, seguro que eres interesante.
Las camisetas a rayas te hacen parecer más interesante todavía. Me explico; es como si en cada raya hubiese una línea escrita sobre ti en rotulador transparente, dispuesta a ser descubierta por alguien, pero no por cualquiera. También me encanta la manera en la que hay días que apareces perfectamente peinada, y otras en las que parece que no has tenido tiempo para mirarte en el espejo, perfectamente despeinada… Seguro que esos minutos los has empleado en hacer cosas más importantes, más interesantes. Eres la mejor frase de El Principito personificada; lo que los ojos no pueden ver, pero intuyen. Me encanta la gente que no es como el resto, y tú, creo que eres de esas.
Espero que si algún día te encuentras con esto, lo lees y piensas que para nada eres interesante, me sigas la corriente, y continúes pareciéndolo, porque lo cierto es que mis clases este año no serían lo mismo sin ti; sin tu sonrisa de medio lado, sin tus camisetas a rayas, sin tu mano levantada… Lo dicho, encantada de querer conocerte.

Canción de la semana y que creo que va a durar…: “You and me” (Life house)
“what day is it, and in what month, this clock never seemed so alive. I can’t keep up, and I can’t back down, I’ve been losing so much time… cause it’s you and me, and all of the people with nothing to do, nothing to lose, and it’s you and me and all of the people and I don’t know why I can’t keep my eyes off you…”
 
jueves, noviembre 16, 2006, rallada de belga_seg a las 11/16/2006 02:13:00 a. m.
Lo reconozco. Me da miedo. Me da miedo abrir ese libro. Es mi último regalo de cumpleaños y me hizo muchísima ilusión recibirlo; quitar lentamente el papel de regalo y ver el autor. Y desear que fuese ese título. Y ver que lo era. Sonreír y abrazar a mi mejor amiga, que sin darse cuenta había escogido el regalo perfecto. Y sin embargo ahí está, sin un papelito que me indique que ya he pasado de esta página, o de la otra.
Ahí está desde el jueves (ha sido un regalo con muuucho retraso); a veces colocado sobre la balda que hay al lado de mi cama, entre el calor de una carta, y la insistencia de mi despertador, que no me deja soñar; otras en mi mochila, congelándose entre apuntes escritos con tinta de hielo, y el frío que se cuela por cada una de las caries de la cremallera. Siempre me acompaña, pero de momento no dejo que me hable. Me da miedo.
Me han advertido que puede cambiarme la vida, y yo ya no sé si quiero que mi vida cambie aún más. Quizás nadie lo nota, pero yo sí; que me traigan mi retrato de hace un año y me coloquen un espejo delante… ¡Misteriosa!… me han dicho que soy misteriosa…tres veces… creo que nunca antes lo había sido…Y sí, puede que a veces lo sea. Y no sé si es bueno…
El otro día volví a subir; necesitaba pensar, y aproveché que en Segovia no hacía una tarde de Noviembre, para asomar la cabeza al mundo. Estuve cerca de cuarto de hora apoyada, con la mirada fija en el infinito, con Damien Rice de fondo (dañino), asimilando y colocando en la mente preguntas sin signos de interrogación, desechando exclamaciones, y pidiendo reclamaciones a quien sigo creyendo que me escucha…tan cerca y tan lejos del cielo. Fueron quince minutos intensos. Sin que nadie me molestase, sin que nadie malgastase mi nombre ni secuestrase mi concentración.
Saqué pocas conclusiones, intenté razonar mis ilusiones, y repasé mis intenciones una y otra vez en el camino de vuelta. Cuando llegué a casa cogí la manta, me abracé a la almohada, me puse una película, y de nuevo acabé siendo protagonista. Y me di cuenta de que por mucho que lo intente, hay cosas que incluso habiendo cambiado, nunca cambian… y por eso me da miedo. Miedo a que mi vida cambie más, y a pesar de ello, siga sin cambiar.

A pesar de esto, tengo unas ganas enormes de comenzar ese libro… solo hace falta que encuentre el momento exacto…


Disco de la semana: “El tren de los momentos” (Alejandro Sanz)
Canción: “En la planta de tus pies”… “Yo no hago cosas normales, ven que no voy a cambiarte, ni tu vida será otra, yo te invito a este lugar donde el amor no se equivoca”
 
sábado, noviembre 04, 2006, rallada de belga_seg a las 11/04/2006 02:24:00 a. m.

Y si llueve, llueves. Me llueves. Y me mojas, me mojas más de lo que nunca había imaginado, y me mojo más de lo que nunca pensé que pudiera mojarme. Y el patio de mi alma se vuelve tan particular que sólo entras tú. Se me van rizando las ideas, poco a poco, formando una espiral que no quiere desentonar con mi pelo, y según avanzo por calles en las que los paraguas de los desconocidos se besan la frente, voy imaginando mil formas de salpicarte, saltando con todas mis fuerzas sobre mis tonterías, para conseguir que te mojes tú también.
Me inundo por dentro e intento no hundirme por fuera… pero en cada gota de lluvia encuentro tu reflejo, y ando falta de reflejos para esquivarlas. Me llueves por delante, por la izquierda, la derecha, por detrás, en diagonal, de abajo a arriba… Tus frases, tus silencios, tus miradas, tus sonrisas… me llueven torrencialmente sobre la cabeza, y aunque quiero apartarme, aunque debo apartarme, no puedo. Sé que me voy a enfriar, y sin embargo, me quedo ahí, siendo consciente de que mis párpados se están negando a hacer de paraguas, y de que, por eso, mis ojos tienen que ver tu imagen empañada en cada cristal derecho de cualquier coche. Llueves hasta en los escaparates de tiendas abandonadas; no abandonas tu contienda… si llueve, llueves. Me llueves...
Y entre fachadas que oscurecen por el impacto del color transparente de la lluvia, y esquinas que se vuelven acantilados de los mares por los que navegan mis zapatillas; y entre el suelo resbaladizo que me advierte de que la caída contigo puede ser mortal, y la gente que huye, agachando la cabeza, como si así no fuesen a mojarse… entre alcantarillas que rugen mensajes no descifrables, el más pirata de los piratas me recuerda al oído, que el doctor me recomienda que no esté ya más contigo… y sigue, como si tú, además de lloverme, me cantases… “se puede saber qué esperas, que te mire y que te seque”… y supongo que no, que no espero eso…
Sólo quiero lloverte, lloverte, lloverte, llover…te, llover… te, llo… verte, verte, verte, verte… te… te… te… ¿te lluevo?...


Disco de la semana: “Las siete y media (o las tres que faltan)” (Ivan Ferreiro)
Canción: “Días azules”… “di un lugar donde estés tú, que si el azar nos va empujando hasta el final, sçolo habrá casualidad… la casualidad nos va a alcanzar, nos va a salvar”