miércoles, junio 27, 2007, rallada de belga_seg a las 6/27/2007 01:10:00 a. m.
PUERTA VERDE:
No sé qué decirte. No sé si te veo bien o te veo mal… No quiero decir si te veo bien o te veo mal; me basta con verte. Sólo quiero seguir viéndote. No me gusta preguntarte qué tal estás. Lloro por dentro si te lo pregunto, y por fuera si después de preguntártelo te miro a los ojos. ¡Joder!, es que no me puedo creer que tengamos que repetirnos otra vez el maldito “vamos a salir de ésta”.“Ésta” ya son demasiadas y que yo sepa sigue escrito en singular. Y tú no me mires contándome lo que ya sé, diciéndome que él otra vez está mal, que otra vez nos toca rezar para que todo salga bien. Que no, que no me lo repitas, que no me pongas esa cara, que si él es fuerte a ti te toca serlo más. Y no sería justo que tú y yo nos pusiésemos a llorar aprovechando que ha ido un momento a cambiarse. Vamos a salir de ésta. Otra vez.

PUERTA AZUL:
No pienso llamarte. Me muero de ganas por escuchar tu voz, pero no pienso llamarte. No lo hago normalmente y mucho menos pienso hacerlo ahora. No, no es por orgullo, no es por saber si tú también te mueres de ganas por escuchar la mía, no es por esperar tu llamada. Es porque no quiero molestar; me da la sensación de que ya te molesto demasiado, de que llevo un tiempo haciéndolo… pero me puedes… lo siento; me puedes, me superas, me rompes esquemas, me borras principios, me adelantas finales. Es imposible olvidarme, y sin embargo me pregunto cuál es la probabilidad de que te estés acordando de mí; no es lo mismo, no quiero engañarme. Te echo de menos. Si te escribiese un mensaje cada vez que pienso en ti me arruinaría económicamente… y aunque lo preferiría, al final opto por arruinarme anímicamente y te escribo para que pienses que lo hago por cumplir, cuando en realidad me sobran las cuentas que llevan al resultado de “el momento ideal”. Y el tiempo pasa lentamente…

PUERTA AMARILLA:
No quiero vivir aquí. Estoy harta. No me gusta este lugar, cada día me gusta menos, y ahora que te vas a ir, prefiero no imaginar lo vacío que se va a quedar. Quiero tus besos de buenas noches (y los de buenos días, buenas tardes y “dame un beso” en general), quiero tus caritas de “en la vida he roto un plato”, quiero que me abraces por detrás, quiero las palabras que eres incapaz de pronunciar cuando te emborrachas, quiero hasta que sigas llamando a mi puerta un martes a las 6 de la mañana para darme pan, quiero hasta que me cojas la mano y te acaricies la cara diciéndome “quiero mimos”, quiero, si hace falta, hasta que me pongas una canción de Camela. Quiero que no te vayas, aunque me alegro de que puedas irte. Este sitio se va a hacer aún más odioso sin ti. Quiero que sepas que te quiero. Fra dopo piccola.



Canción de la semana: “Te quiero” (Luis Ramiro)
“Cada vez que respiro se te hincha un pulmón y yo me escondo en los cuadros de tu habitación y cada vez que me muero nos entierran a los dos y si te das por vencida escucha el estribillo que da nombre a esta canción…”

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lunes, junio 18, 2007, rallada de belga_seg a las 6/18/2007 08:15:00 p. m.

La hora no llega. Queda una semana y ya estoy pensando en lo que pueda pasar. Nervios. Hacía tanto tanto tiempo que no me ponía nerviosa por algo así… Pensé que me estaba curando… ahora me doy cuenta de que simplemente la pasión madura, evoluciona, pero sigue ahí. Nunca me he considerado adivina, pero creo que esta vez se nos escapa. Y además, tú te lo mereces, te mereces que se te escape; menos vueltas al ruedo antes de tiempo, torero.
Por fin domingo. Podría pensar en un millón de cosas más que me afectan de verdad, y sin embargo, aquí estoy, imaginando que esta noche puedes estar tan guapa que Madrid entera caiga rendida a tus pies… y yo con ella. Una hora. Dos. Tres horas. Son las seis; billete para otro viaje más por la A-6. Suelto la maleta procurando que no me tiemble la mano. Las nueve menos cinco; cojo sitio frente al televisor. La cosa empieza tan mal que me pongo a pensar en lo que haría yo con un maletín de esos… “seguro que tiene mucho dinero… ¿será grande el maletín?¿cómo estarán repartidos los billetes?¿qué costará más el maletín o lo que lleve dentro? Nada, esto no mejora. Me sorprendo con lágrimas en los ojos… Por primera vez en cuatro años me veo incapaz de controlar mis emociones delante de ese televisor. Pego un grito y ahora quien se sorprende eres tú (si yo te contara…), te ríes, y yo… casi lloro. Un mensaje. Y otro. y otro. ¿cuánto queda?... ¡No me lo puedo creer! En menos de veinte minutos cambia la suerte, que a veces no es tan ramera, y el Madrid vuelve a ser Rey de Reyes… y en Barcelona se enteran de lo que significa Diarr(e)a. La mano, las manos (de hoy y la del sábado pasado) les sirven de poco. Abrazos, gritos, saltos, gritos, abrazos, saltos. Y tú y tú y tú y tú a la piscina… yo cojo la camiseta de Raúl y me voy a verte a ti.
¿Te acuerdas cuando llegamos y dijimos que a ver si íbamos a ver a la diosa?¿Te das cuenta de que hemos tardado cuatro años? Y aquí estamos; cantando todo lo que se nos ocurre en el metro, botando en el vagón, acortando la distancia entre Tú y tú y tú y tú y tú y tantos tú’s y yo. Y sonrío. Y lo pienso, y me parezco, y me parece tan simple… y a la vez tan increíble… inexplicable. Hoy no me llamas desde el balcón de tu casa, en el ecuador de la calle Alcalá, acercando el auricular al vacío para que sienta desde Segovia el rugido de Madrid, el sonido de cada claxon de cada coche que se para en cada semáforo. Hoy soy yo la que está aquí. Entre camisetas con el siete, bufandas moradas y blancas, banderas que esperan recogidas para ser ondeadas a que llegues tú y tú y tú y tú… Y aquí al lado hay un niño vestido de blanco que se duerme en los brazos de su padre y que, sin darse cuenta, me dice “yo no tendré que esperar hasta los veintiuno…”. Y la verdad es que no le envidio lo más mínimo… porque hoy, lo que siento, es inigualable a lo que hubiese sentido con ocho años si me hubiesen traído.
Y llegas tú, y ya no veo nada, sólo cabezas. Grito y no sé por qué. Muy a mi pesar, y haciendo una excepción que confirme la regla, sigo a la masa. Subo los brazos lo más alto que puedo, como si tuviese ojos en las palmas de las manos. Y aunque veo poco, siento que estás ahí, que te subes a la plataforma, que saludas, que das la vuelta, que en estos momentos puedes estar pensando que te vas de aquí con el mejor sabor de boca. Te subes a la grúa y me adivino una sonrisa de esas que delatan. Eres mi siete favorito. Sólo consigo ver tu brazo en alto mientras agitas la bufanda, pero es suficiente…
De repente un golpe. Algo inesperado y que no entraba en los planes. Mi cuerpo se queda en diagonal y noto manos por delante, por detrás, por los lados… me ahogo, me oprimes. “No os dejéis caer que no salimos!” me gritas. “Respira, tranquila, intenta encontrar un hueco por el que poder respirar. Mantente en pie. No se te ocurra perder el equilibrio. Tranquila”, me digo. “¡Tranquilos, Tranquilos joder!” gritas mientras sujetas tu móvil arriba, siendo lo único visible entre tanta cabeza. Estoy pálida, lo sé. “Venga, respira que se va a pasar” me repito. “Nos vamos ya, nos vamos ya”, me dices, y yo te contesto que sí, aunque no tengo ni idea de cómo vamos a salir de aquí. Otro golpe; éste más fuerte que el primero. Creo que ya no tengo ni los pies sobre el suelo. Estoy pisando a alguien, seguro. “¿Qué pasa?” te pregunto gritando. “no tengo ni idea, ¿estás bien?”, me dices, y yo te miento y te digo que sí, pero tengo miedo y eso supongo que no es estar bien. Espero que mis padres no estén viendo esto por la tele… noto mi teléfono en el bolsillo del pantalón. Ojalá pudiese llamarles y decirles que no se preocupen, que estoy llegando al furgón de la policía y hay una valla por la que la gente está saltando. Ya me va a tocar, ya me va a tocar. ¿Y el niño? ¿estará bien el niño? Estaban a punto de irse, pero… ¿se habrán ido? Ojalá que sí. De repente se escucha, “¡Salid por aquí!”, es un policía… por fin… Me tiembla todo, hay chanclas, alpargatas por el suelo... Todo es tan extraño que en cuestión de segundos paso de tener el peso de cuerpos y cuerpos a mi alrededor, al vacío, a estar más cerca que en toda la noche de Ti, de ti, de ti, de ti, de ti que saltas sobre la plataforma… de ti que te subes al autobús… de ti, que te bajas el último…
Y ahora toca volver sabiendo que la experiencia ha pasado por todas las fases posibles… increíble, indescriptible, inexplicable… Irrepetible; sólo se vive una vez. Y yo ya he tenido mi ración… la próxima, desde casita.


Canción del día: el himno del Madrid por supuesto… “de las glorias deportivas que campean por España, va el Madrid con su bandera, limpia y blanca que no empaña…”

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jueves, junio 14, 2007, rallada de belga_seg a las 6/14/2007 01:38:00 a. m.
Hacía tiempo que no tocaba con mis dedos los tendones de tu cuerpo. Te echaba de menos. Echaba de menos abrazarte y recorrer, con la torpeza que me caracteriza, cada uno de los puntos de tu largo cuello. Besarte con la yema de los dedos poco a poco. Atrapar tus curvas entre mi muslo derecho y mi barbilla y dejar la mirada colgada del infinito, sólo hasta que a ti o a mí nos apetezca seguir. De todas formas, a veces es mejor quedarse así, ¿no crees? Pensando… a veces es mejor el silencio.
Sí, definitivamente a veces es mejor el silencio, porque hay días en los que es sencillamente imposible que nos entendamos, y supongo que esa es una de las cosas que me atrae de ti; que nunca sé por dónde vamos a salir, ni siquiera sé si vamos a salir. Nunca sé si los vecinos sentirán envidia al oírnos, o si desearán que dejemos de contaminar acústicamente el ambiente. A menudo me sorprendo y a menudo me sorprendes.
También echaba de menos taparme la boca después de no callar durante un largo rato, de tenerte entre mis brazos hablándote, utilizando diferentes matices de mi voz, y sentir en mi mano que el olor de tu cuerpo sigue ahí, que aunque te haya dejado en la habitación, sobre la cama, vaya a donde vaya me acompañas. Aún no he conseguido averiguar cuál es el perfume con el que tienes barnizada tu piel oscura, pero me encanta respirar cuando estás cerca de mí.
Te echaba de menos. Estaba harta de examinarme de todo menos de mis progresos al acariciarte. Harta de los apuntes que no se dividen en versos y que carecen de estrofas y estribillos; de esos que en vez de tener títulos, tienen epígrafes y que están escritos por la razón y no por el corazón. Harta de aguantarme las ganas por temblar al hacer bailar mis dedos sobre ti, mientras te dibujo formas que luego soy incapaz de repetir. Harta de no poder probarte por temor a molestar.
Quitarte esa armadura azul que tienes por vestido ha sido un alivio. Sacarte con el mayor de los cuidados, mi buena obra del día. Rozarte, el mayor placer de la tarde. Sentir que aún cuando te abandono durante un mes, me sigues entendiendo y haces lo imposible por que nos entiendan los demás… mi razón para no poder olvidarte. Y sigo procurando aprender, y sigo dejándote que me enseñes los trucos que se aprenden con el paso del tiempo. No tengo prisa… sigo a tu lado, y tú sigue al mío, que en menos de un mes tenemos trabajo… ¡y menudo trabajo! Me muero de ganas por que llegue el 3 de julio.


Disco de la semana: “Tiempo de sol” (Álvaro Fraile)
Canción de la semana: Tiempo de sol… “Tengo envuelto para ti un cielo que sujeta el mundo, voy a regalarte aquel planeta y con él jugaremos al fútbol, pondré bajo tus pies una canción, que ya vendrán tiempos mejores, que ya vendrá el tiempo de sol”