viernes, noviembre 23, 2007, rallada de belga_seg a las 11/23/2007 11:46:00 p. m.
Desde el fin de semana pasado, y cada quince días, colaboraré con un programa de radio de Toledo (ondapoligono)... La colaboración consiste en escribir un micro-relato y, con mi voz-nada-radiofónica leerlo... Éste fue el primero.

Valentina estaba destinada a llamarse así. Con todos los bebés que nacen en el mundo a cada segundo, pocos hay que lo hagan con la cara marcada por un nombre como lo hizo ella. Hasta el miércoles, siempre le había hecho honor.
Valentina no va a misa, y no cree ni en dioses ni en santos; por eso no es de extrañar que nunca haya celebrado el suyo. No le hace falta creer en nada, porque es tan valiente que es capaz de enfrentarse a cualquiera sin la necesidad de santiguarse antes. Su valentía le ha llevado a aceptar los trabajos más duros que alguien podría imaginar.
Desde hace años, Valentina tiene el puesto más peligroso de toda la ciudad; es vigilante de noche en el Parque de los Zombies, situado entre la vida y la muerte de la ciudad, entre la zona de bares y el cementerio. Nunca se sabe quién es más peligroso a esas horas; si un muerto sobrio o un vivo moribundo debido a su estado de embriaguez. Pero Valentina no tiene miedo a nada. A nada. Y se pasa las horas de trabajo sonriendo a la oscuridad. Ni siquiera le inquieta saber que su antecesor en el cargo murió de un infarto al corazón.
Aunque Valentina le ha repetido varias veces a su jefe que no tiene que preocuparse por ella, desde el momento en el que firmó el contrato, él siempre le ha prometido que en cuanto tuviese dinero para pagar a otro vigilante, trabajaría acompañada. El lunes, cuando llegó al parque, descubrió a Salvador sentado en el columpio. Un chico alto, rubio y con los ojos claros; tan claros y transparentes que bastaba un cruce de miradas para tener conciencia de la persona tan increíble que guardaba dentro.
La primera noche, Valentina pensó que era un chico guapo y simpático. La segunda noche se la pasaron riendo. La tercera noche Valentina no apareció. Mientras salía por la puerta de su casa, pensando en que iba a encontrarse con Salvador, la chica sintió algo que no había sentido en su vida. Tembló. Se le aceleró el corazón. La idea de tener que celebrar algún día su santo le atravesó el pensamiento. Y tuvo miedo. Mucho miedo. Mucho, mucho miedo.

Canción de la semana: “Puta hippie” (Meritxell Naranjo)
“Pero tu qué te has creído, que soy una puta hippie, pero tú que te has creído pedazo de gilipollas, pero tú qué te has creído que soy una puta hippie… ay cariño, se me va la olla…”

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domingo, noviembre 11, 2007, rallada de belga_seg a las 11/11/2007 07:33:00 p. m.

Yo te juro que lo intento. Intento acostumbrarme a ti, a que esto tenga que ser así, a verte tres minutos y hacer como que no tengo por qué esperar que me puedas dar otros tres. Intento verte como veo al resto; que un “ya hablamos” signifique lo mismo cuando sale de tu boca que cuando sale de la de cualquiera. Y nunca, nunca lo consigo; los tres minutos que estoy contigo son capaces de reciclar días y días de absoluta incomunicación. ¿Por qué no me pides que desaparezca? Dime que te deje en paz; aunque realmente nunca te haya dado guerra… y seas tú quien mata. Pídeme que me quede dando paseos por la Gran Vía. Hay días que preferiría un ultimátum.
Te juro también que intento ser amable. Intento no hacer todo lo posible por evitar el encuentro. Lo intento todo por saludar y que no parezca que lo hago por obligación, que no me apetece lo más mínimo sonreír de un lado mientras del otro pienso “no sé qué hace contigo”. ¿Qué hace contigo? Es la pregunta que encabeza la lista de tantas y tantas que voy apuntando y que seguramente nunca me atreva a hacerte. Un día de esos impares en los que me das más de tres minutos me encantaría entrevistarte; con mi memoria haciendo de grabadora si me gustan las respuestas, y si no… con la indiferencia jugando a ser interferencia y dificultando la comunicación entre tu voz y mis oídos. Pero nunca me voy a atrever. Y tú tampoco. Intuyo que a ti también te gustaría entrevistarme durante más de tres minutos.
Y ya que me he puesto a jurar que intento, sigo. Y ya que he hablado no sólo de ti y de mí, sigo. Juro que intento no llegar a nuestra cita inexistente con la esperanza de que haya cambiado algo en tu vida, de que te hayas dado cuenta de que es absurdo seguir con una historia que no te aporta absolutamente nada (y no fui yo quien lo dijo). Intento no pensar que por fin me prefieres a mí; el riesgo, a su anagrama. Intento no pensar que ojalá me odie con todas sus fuerzas porque intuye que entre tú y yo hay algo inexplicable que crece y te hace dudar cada vez que nos encontramos… aunque sólo sean tres minutos. Intento hacerme a la idea de que mi papel en este guión de película convencional es saludarte y marcharme; conformarme con esos tres minutos y esperar otros tantos días durante los cuales me digas que me echas de menos y que tienes ganas de verme, para volverte a ver, volver a escucharte durante tres minutos (alguno más si toca día impar), y volverme a despedir. Y no, te juro que lo intento, pero no consigo acostumbrarme… Y es que hasta el capítulo de hoy me habla de esos tres minutos…

“Oíme. Oíme bien. Hay días que me despierto temblando. Abro los ojos y tiemblo, me doy cuenta de que estoy temblando y entonces sé que voy a verla, y me paso el día así, temblando, hasta que se hace la hora de encontrarnos. Así desde hace treinta años, tres veces por semana. Y los días que la veo no puedo hacer nada, nada que no sea esperar el momento de verla. Digo que voy a la fábrica pero me quedo en el auto, dando vueltas, o me meto en un cine. Tengo miedo. Pienso en todo lo que tiene que pasar para que podamos encontrarnos y me parece imposible que algo no falle, que no haya un problema- Y soy feliz, Rimini. Feliz, feliz, como un chico, como un idiota. Como seguro que no es feliz el ser más feliz de la tierra…” (El Pasado, Alan Pauls)


Canción del día: Quédate en Madrid (Mecano)
“Con la nariz entre tus ojos y entre un pulmón y otro pulmón, el corazón y los congojos todos en reunión…”
 
domingo, noviembre 04, 2007, rallada de belga_seg a las 11/04/2007 11:04:00 p. m.
Te estaré agradecida de por vida; no me preguntes por qué, ni siquiera yo sé muy bien `por qué. Me has regalado una sonrisa infinita y creo que me queda bien, que la luzco bien, que me sienta como a nadie le ha sentado nunca una sonrisa a principios de Noviembre. Soy incapaz de encontrarme las palabras que lo expresen; la sonrisa ocupa tanto, por fuera y por dentro, que creo que las letras que deberían salir por mis dedos están aplastadas por el corazón, los pulmones y las costillas y no encuentran hueco para llegar hasta esta hoja de word. El estómago lo tengo encogido… todavía. Me has hecho la persona más feliz del mundo. Sé que lo hiciste por mí; y tú también. Sé que en principio fue por mí, y aunque luego te llegase a gustar, todo empezó por satisfacer mis caprichos de niña mimada.
Te he dado la paliza siete millones de veces (por lo menos). Te he hablado una y otra vez sobre el mismo tema, sobre diferentes melodías pero la misma voz, sobre tu forma de cuidarme, de mimarme, de hablarme desde que te conozco. Te he contado lo mucho que me importas; tú y tú. A base de hablar y de hablar, y de hablar más, te llegué a cambiar el punto de vista que dio a toda España una caja tonta, y a ti te regalé un disco de los que ni se graban en estudios ni se venden en los centros comerciales, momentos antes de meterme en tu coche, prácticamente obligándote a ponerlo durante el viaje. Y te gustó; y lo escuchaste aún cuando yo no estaba delante, y te aprendiste las canciones. Me pasé un día entero escribiéndote mensajes para que vinieses al concierto, y en el último momento lo conseguí; apareciste. En mitad de la actuación pronunciaste un nombre. Te quedaste de piedra, me miraste y yo juré un millón de veces que yo no había dicho nada, que aquella vez yo no había sido. Te presenté a ti, y a ti te presenté a ti. Te susurré al oído que al día siguiente había concierto; apareciste y te sabías las letras de las canciones. A ti te pareció increíble. Aquel fin de semana también tuve una sonrisa infinita, sólo reciclable por la que me regalaste este viernes.
No creo, por mucho que te lo imagines, que llegues a saber cómo me siento; feliz, orgullosa, consentida, agradecida, emocionada, pequeña, grande, temblando… dos noches después, temblando. Ni siquiera pude llorar, ni siquiera puedo llorar, ni siquiera podré llorar al recordarlo, y sin embargo me emociono cada vez que le vuelvo a dar al play desde hace una hora. Me siento orgullosa por tenerte a mi lado, a veces más cerca y y otras más lejos, pero siempre a mi lado, o por lo menos, en mis oídos.
No sé quién eligió que tu canción, tu voz, llegase a emocionarme, a impactarme de tal modo en el interior que llegase a rebotar una sensación al exterior… Sólo sé que mi ángel de la guarda musical dio en el clavo; fue a parar a las cuerdas vocales de las que colgaban dos corazones increíbles. Te quiero a ti y te quiero a ti. Ya lo ves… te estaré agradecida de por vida… por mucho que ni siquiera yo le encuentre explicación.


Canción de la semana: Ya lo ves (cantada por Tiza y Vega) para quien quiera escucharlo… aquí la tiene: http://www.cmusical03.com/buhoreal/player/player.php?cancion=12006
“Y te debo la vida, eso a veces me alivia… y te debo la muerte también… Ni siquiera tu nombre me deja ir sin ti… ya lo ves”