viernes, octubre 31, 2008, rallada de belga_seg a las 10/31/2008 02:38:00 a. m.

El silencio oprime. El silencio engaña. El silencio miente. El silencio te miente y me miente. El silencio no se calla. El silencio nos calla. El silencio me pisa los talones. El silencio me persigue. El silencio es la sombra que sobra a tu alrededor. El silencio es el aura del ángel que hace tiempo que pasó. El silencio se hace grande, más grande. El silencio se hace enorme cada día que muere en silencio. El silencio me mata. ¿no te entierra a ti el silencio?
El silencio levanta la voz para decir tonterías. El silencio me revienta. El silencio me reinventa las palabras que esperan su turno calladas. El silencio no existe si no lo pronuncias tú. El silencio no me importaría si existiesen las miradas; pero últimamente las tienes silenciadas. El silencio se interpone entre tú y yo y genera interferencias. El silencio no me causa indiferencia. El silencio cotorrea y habla y habla y habla y habla. El silencio hace eco. Eco. Eco. Eco. ¿no lo oyes al silencio?
El silencio arde en frío. El silencio congela las llamas. El silencio pierde la pista a la chispa. El silencio derrite las frases que solo esperan ser dichas. El silencio son cubos de hielo deslizando uno a uno por la espalda. El silencio es vaho que no se evapora pero empaña. El silencio es humo; no es nada. El silencio me abrasa, ¿no te quema a ti el silencio?
El silencio es embustero. El silencio descoloca. El silencio es una orden. El silencio es un dictador que me fusila las ganas. De hablarte. De contarte. De escribirte. De llamarte. El silencio no es sincero. Este silencio no es sincero. El silencio es un payaso sin nariz y sin zapatos. El silencio no hace gracia. Este silencio no me hace gracia. El silencio es evidente y, a veces, también invidente ¿no te invalida a ti el silencio?


Canción de la semana: “Desde la almena” (Ana Vázquez... sí, soy yo... estoy egocéntrica...)
“A siete metros de tu coche y a once minutos de verte siento que hay lugares en esta ciudad donde con un pie piso el cielo y con el otro el infierno...”
 
miércoles, octubre 22, 2008, rallada de belga_seg a las 10/22/2008 01:36:00 a. m.

- ¿Qué haces escuchando a Ismael Serrano?
- ¿No puedo? Me gusta su voz... me calma a estas horas de la noche... Y sus canciones...
- Sí, en tu situación, perfectas para deprimirte y acabar pegándote un tiro.
- No tengo escopeta, ni siquiera pistola... Tiene gracia; eso es lo que me mata.
- ¿Qué dices?
- ¿Y a ti qué más te da?¿Quién eres? Y ¿qué te importa lo que escuche o deje de escuchar? “Ana, te veo y me declaro culpable de desear tu presencia más que desear la paz...”
- Te encantaría que te dijese eso, ¿eh? Pues ya es hora de que te vayas convenciendo de que nunca va a pasar, por mucho que escuches mil veces “Déjate convencer”. ¿No te das cuenta? Es un amor imposible.
- Vaya, parece que no soy la única que escucha a Ismael de vez en cuando...
- Eres una cabezota.
- Cabezota también, pero me temo que en este caso lo que soy es corazota.
- ¿Corazota? Eso no existe.
- Pues seré una especie en peligro de extinción, pero me temo que soy corazota...
- Pero si pasa de ti, ya ni siquiera pregunta qué tal estás, ¿dónde se han quedado todas esas cosas que te decía?
- ¿Sabes cuál es el problema? que me las decía, me las dijo y fue entonces cuando me enamoré. Y creo que las ha ido guardando poco a poco en algún maldito lugar, en algún trastero de su cabeza o en algún baúl de su cuerpo, y siendo tan desastre como es, seguro que ha perdido la llave. Un día se dará cuenta de que las echa de menos. De que echa de menos ser como llegó a ser. De que hubo una vez, al menos conmigo, en la que se dejó querer, en la que dejó que alguien se colase hasta dentro de sus sentidos. Y que cuando se quiso dar cuenta, cerró la puerta; primero un poquito, y luego de golpe y porrazo.
- Y tú seguiste llamando...
- No. Yo me limité a ser como soy y a dar golpecitos de vez en cuando por si me volvía a abrir, aunque fuese solo un resquicio, para prestarle un poco de azúcar, que de vez en cuando no está mal endulzarse la vida...
- Pero está claro que no quiere, ¿para qué insistes?¿ves cómo eres cabezota?
- No insisto. Dejé de insistir cuando me lo pidió. Y me está costando la misma vida no ser como soy; y especialmente con alguien que me importa tanto, y precisamente en este momento. Y te repito que no soy cabezota, que soy corazota. Siento así porque no sé sentir de otra manera, nunca he sabido. No lo entiendes o no lo quieres entender; ¿qué pretendes que haga con todos los momentos que compartimos?¿qué hago con las cosas que me dijo? Porque yo no fui la única que dijo cosas. ¿Qué hago con su manera de ser cuando me colé hasta su cocina?¿qué hago con su sonrisa?¿me puedes decir qué hago con su forma de hablar?¿y con su olor? No tienes ni idea de lo que es estar a su lado y que te sonría, y al rato se marche dejando esos trocitos de metralla en el aire que te alcanzan como te alcanza un gas tóxico y te hipnotizan, te piden que les sigas a donde quiera que vaya. No tienes ni idea de lo que es querer a alguien como no has querido nunca a nadie... y no ser correspondida. O tener la convicción de serlo a miedo...
- Y ahora ¿qué haces?
- Me has dicho que no escuche a Ismael Serrano...
- Ya, pero...
- Me ha dado la hora hablando contigo y son las únicas “buenas noches” suyas que me quedan, ¿tampoco puedo?
- Son compartidas...
- Te repito... ¿a ti qué más te da? No me has dicho quién eres.
- Soy tú.
- Te equivocas, yo soy yo.
- Soy esa parte de ti a la que te niegas a escuchar. La parte de ti que razona.
- La cabezota, entonces. Me llamas cabezota y eres tú la parte cabezota. Pues yo lo siento, de verdad, pero es que lo siento de verdad.


Canción de la semana: Thank you for loving me (Bon Jovi)
“Thank you for loving me, you pick me up when I fall down, you ring the bell before they count me out. If I was drowning you would part the sea and risk your own life to rescue me”.
 
viernes, octubre 17, 2008, rallada de belga_seg a las 10/17/2008 01:42:00 a. m.
En realidad no hay cola. No sé por qué todo el mundo habla de ella, porque yo he llegado, he mirado a la izquierda y he visto un grupo de gente, he mirado a la derecha y he visto a un hombre solitario, he mirado de frente y me he encontrado cara a cara a una mujer con ojos tristes pero sonrientes a la vez. Me ha parecido raro. He mirado abajo y he visto un precioso principito rubio de no más de tres años. Y sí, era aquí. Y no, no hay cola. Hay personas por todos lados que no se rascan el bolsillo porque posiblemente no pueden. Se meten la mano en él y manosean el número que momentos antes han sacado de una maquinita como la que hay en Correos, solo que aquí lo que se escribe siempre es el remite, y lo que nunca se sabe, el destinatario; si es que lo hay.
A nadie le dan a elegir, así que dudo que alguno tenga el de la buena suerte. El mío ni siquiera tiene un 7 entre las tres cifras. Ya es mala suerte. Seguro. Estar aquí ya es mala suerte. Resulta irónico; tanto tiempo bromeando con esta situación y aquí estoy, esperando a demandar no sé muy bien el qué. El cartel diplomático y burocrático de la maquinita decía “si quiere realizar una demanda, pulse aquí”, en el botón de la A. Y he pulsado; de la A a la F es la opción que más me ha convencido, pero últimamente no se me da bien elegir, así que quizás cuando llegue a la mesa me manden a otro lugar. No sería la primera vez.
Quedan nueve números para que me toque a mí y cuarenta minutos para que cierren. Llevo unos días deseando que el tiempo pase a toda velocidad, y ahora, de repente, quiero que se pare y que me llegue el turno. No quiero tener que volver mañana. Para una persona que ha estudiado en un colegio concertado, pasado sus tres últimos años de instituto en una American High School y vivido en pleno corazón de Europa; que accedió a la universidad más prestigiosa de Madrid en periodismo con un 7,9 de nota y que ha cumplido cada puto año aprobando en junio con una media de notable, y que, además, tiene títulos de inglés y francés de esos que todo el mundo aspira a tener, la situación es, no deprimente, pero sí desconcertante. ¿Qué hago sentada al lado de un tipo que apesta a alcohol y que ha olvidado abrocharse los cuatro botones de arriba de su blanca, pero sucia, camisa? ¿Quién me ha engañado? ¿Quién se lleva riendo de mí 23 años? Yo ya tengo mi diplomita, o, al menos, el resguardo donde dice bien claro que he pagado el dinero que reconoce que he superado la prueba. Debería pasar a la siguiente. Esto sí ha sido dinero negro; menuda estafa...
Aquí nadie habla. Es otra sala de espera más llena de enfermos, pero aquí nadie le cuenta sus males al de al lado. Y a mí me gustaría dejar de contármelos a mí misma. Mire usted, yo una vez fui buena, muy buena, de las mejores jugando al fútbol. Pude haberme ido a Estados Unidos a estudiar la carrera mientras jugaba para un equipo. Allí las chicas juegan al fútbol, ¿sabe? Y ofrecen la posibilidad de compaginarlo todo. Yo quise. Estaba decidida a irme. Sabía que era buena. Quería irme. Pero para llegar allí había que cruzar un charco que no se puede saltar con botas katiuskas en los días de lluvia. “Tú haces tu carrera en España y cuando termines, ya harás un master si quieres”. Ahora ni quiero, ni me quieren. Me quiero quedar aquí, en España, en Segovia. No, no me duele demasiado; ya ni siquiera soy de las mejores. Un día también me ofrecieron trabajo. Fue hace un año y medio, pero ¿sabe? Había que terminar la carrera. Había que conseguir el diploma. Esto funciona así... o eso nos hacen creer. Pero no soy médico. No hay colegio ni hay leyes, solo la del más fuerte y la de la suerte. Y de momento lo único que me queda claro es que soy frágil; así, como la colección de obras que se exponen en el Esteban Vicente, como la canción de Lantana, como la frase de Rebeca... Eso y que la buena suerte se me agotó hace meses. Las malas rachas, como las buenas, siempre son largas, y desde principios de julio la mía parece eterna...
La dependienta de la papelería donde he comprado un bic negro y otro azul ha parecido adivinar mi día amargo y me lo ha intentado endulzar ofreciéndome una bandeja con galletas. He cogido una Oreo, pero la he comido sin ganas mientras leía un mensaje sobre la pared de un edificio por el que me obligo a pasar cada mañana desde lo vi. Empiezo a pensar que alguien lo escribió para mí... No es normal. Cuando te fuiste hace tres meses, descubrí uno en un rincón del metro en el que ponía exactamente lo mismo... Ya ves, cosas de la vida... Hoy voy a pasar dos veces. Te tengo que cantar el “mira qué antigüita soy”... seguro que lo celebras por ahí arriba, ¿verdad? Felicidades.


Disco de la semana: Retales de Carnaval (Nena Daconte)
Canción: Sin ti... “Qué ciudad se te quedó en el corazón, que canción estás a punto de tararear, qué verdad te ha quedado por buscar, qué sientes tú tan cerca del final...”
 
viernes, octubre 10, 2008, rallada de belga_seg a las 10/10/2008 01:48:00 a. m.
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Nota: Estoy de estreno; esta semana he creado un nuevo blog, Las 13 azules, una especie de obsequio a unas chicas a las que admiro y donde, si os apetece pasaros por allí, encontraréis un poquito de mi faceta “periolística”. Un blog un pelín menos “literario” y más futbolsalero... ¡Por allí os espero!
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No sólo te echo de menos por eso. No eres una santa Bárbara cualquiera; aquí trona siempre desde que te fuiste. No sólo te echo de menos porque ahora serías de las pocas personas que me entendería. Que no me llamaría egoísta. Que no me diría que tengo que aclararme. Que tengo que aceptar esto porque es lo que hay. Y se acabó. No sólo te echo de menos por eso y, sin embargo, me acuerdo muchísimo de ti estos días. Creo que sigo sin hacerme a la idea de que te fuiste, y aún pienso de vez en cuando que vas a aparecer por la puerta de casa, o que va a sonar el teléfono y al descolgar va a sonar tu voz llamándome “lechuguina”.
Supongo que te has dado cuenta; las cosas no van bien por aquí. Tener una idea clara de lo que quiero hacer ha resultado ser peor que no saber qué hacer con mi vida, y ahora que no estás tú para apoyarme, me faltan hombros y, a veces, hasta piernas para caminar. A menudo me veo estancada y deseo con todas mis fuerzas que estuvieses aquí para recitarme alguna de tus frases, de esas que alguna vez leíste en cualquier libro escrito por una mujer; alguna de esas frases que pasan página. Seguro que si yo te dijese que lo único que quiero ahora mismo es sentarme delante de una pantalla y llegar a escribir folios y folios hasta completar una novela, te alistarías en mi bando. Siempre fuiste guerrera y siempre guardabas mis artículos. A ti también te gustaba cómo escribía. Yo sé que tú me apoyarías. Podría llegar a ser mujer y escritora. Como las que a ti te gustaban. Y por eso me acuerdo muchísimo de ti estos días, aunque no sólo por eso te eche de menos.
El otro día fui a cortarme el pelo a la Juani. Habló de ti. Habló de ti mucho, pero sobre todo habló de ti y de mí. Me preguntó si seguía escribiendo en El Adelantado. Me contó que tú le llevabas las páginas que yo escribía, y entonces te eché mucho más de menos. Me recordó alguna de tus palabras, de esas que nunca leíste en la Biblia, pero que solías repetir con devoción. Hasta setenta veces siete: “mi nieta”. Me gustó, porque me di cuenta de que aún puedo recordar tu voz sin distorsión y de que en días como hoy solo tengo que hacer memoria y escucharte decir alguna de tus frases, alguna como por ejemplo: “no te preocupes, porque Dios escribe recto con renglones torcidos”.


Disco de la semana: Retales de Carnaval (Nena Daconte)
Canción: Mentiras... “Sólo esperaba que tu cobardía en un momento de osadía te permita confesarme tus mentiras...”
 
jueves, octubre 02, 2008, rallada de belga_seg a las 10/02/2008 12:17:00 a. m.

Me miro y creo que una de las pocas cosas que me queda de entonces son los ojos. No sé si tan grandes como parecían cuando pedían a lloros un biberón, pero sí tan observadores. La diferencia es que ya no miran lo mismo. No ven lo mismo. No quieren ver lo mismo. No les dejan ver lo mismo. Se quedan fijos como lo hacían hace veintitrés años, pero si antes enfocaban buscando en labios ajenos una palabra que definiese lo que encuadraban, hoy intentan encontrar el concepto. Y del continente al contenido hay todo un mundo. O varios. Depende de quién te muestre el mapa.
Me subo a la sirena como hacía con dos y con tres, pero a los veintitrés nadie me echa una carrera para intentar llegar antes y me canso. No tiene gracia. Es como si la sirena no tuviese mar donde bañarse, ni siquiera de gente. Y miro hacia la derecha y ya no espero a que dobles la esquina para salir corriendo por miedo a perderte de vista a ti y perderme yo. Ahora miro esperando que salgas de algún portal de la esquina para verte de lejos, quedarme parada y obligar a mis pupilas a darse prisa para que parezca que en un día he aprendido a no querer verte. Para que parezca que no estoy tan perdida.
Miro de frente y ya no está el cine que había antes. Supongo que las películas no duran eternamente. Ni siquiera las de amor. Amor; es uno de esos conceptos que con los años he sido incapaz de aprender a mirar con otros ojos. Un día me quedaré ciega por gilipollas. Miro a la izquierda y la calle Real es más que nunca la calle Cervantes. Es lo que tiene hacerse mayor; que aprendes a leer y a veces tienes la opción de elegir entre lo que ves y lo que te hacen ver o te cuentan. El paisaje es Quijotesco. La gente se da el relevo a medida que pasan los minutos, con la misma facilidad que el aire se cambia por viento entre las aspas de un molino. Y muchos parecen gigantes contra los que luchar para llegar a conseguir lo que más quiero del mundo. Los consejos de mis Sanchos llegan vía esemese y esta sirena Rocinante no se mueve; algo me dice que con dos y con tres la habría hecho hasta volar. Mira... debe de ser que ya no estoy para estos trotes.
Y miro atrás y mis ojos llorosos se chocan de bruces con el pasado. Juan Bravo me mira entre desafiante y triunfador. Insultante. Con el brazo derecho alzando una bandera sin color me clava en la espalda que la Historia la escriben los vencedores... y mira... digo yo que al final todos tenemos nuestra propia Historia... ¿o no?


Canción del día: Promesas (Los Piratas)

“Prometo no mandar más cartas y no pasar por aquí, prometo no llamarte más y no inventar ni mentir, prometo no seguir viviendo así, prometo no pensar en ti, prometo dedicarme solamente a mí...”