miércoles, enero 28, 2009, rallada de belga_seg a las 1/28/2009 01:40:00 a. m.
Últimamente soy la chica del tiempo. Si hay nieve, para mí. Si hay viento, para mí. Si la lluvia cae y cae y cae, y los pantanos se llenan, y se llenan, y se llenan más, y están a punto de desbordarse, para mí. Todos los días hay un nuevo temporal de invierno, y a mí me toca contar cada litro por metro cuadrado caído, cada hectómetro cúbico que llena el pantano, cada grado bajo cero que hiela los pies y se cuela por los huesos.
Escribo una y otra vez que hacía mucho tiempo que el tiempo no estaba así. Lo escucho por la radio. Lo veo por la tele. Y me río. Me río como si escribiese en un folio en blanco, con letras grandes y rotulador desgastado, la primera tontería en la que pienso por la mañana. Me río como cuando escucho una cadena de chistes absurdos; uno detrás de otro. Me río como si me viese hace años, en clase de gimnasia, intentando hacer el pino. No opino; me lo callo. Hace justo trescientos sesenta y cinco días, una llamada de madrugada, de esas que hielan la sangre, congeló mi posición sobre la cama, como si así fuese a parar el tiempo, y litros de lágrimas por metro cuadrado resbalaron por la sábana, la manta, se deslizaron por el parqué, llenaron la papelera. Aquello sí que fue un desbordamiento. Un vendaval de recuerdos. De repente hizo frío, mucho frío. Mucho mucho frío. Aquello sí fue un temporal de invierno.
Y no se pasa, te juro que, aunque de vez en cuando lo parezca, no se pasa. Sigue haciendo frío cada vez que me acuerdo de la última vez que nos despedimos. Yo con una sonrisa de boca pero no de ojos, y tú con los ojos cerrados, levantando el cúbito y el radio envueltos por un trocito de piel que ya ni se ponía de gallina al pensar que aquella podía ser su última noche sensible al tacto... si es que aún lo era. Y aquella habitación de hospital tan fea. Y tan fría... Ahí empezó el temporal. Siguió dos mañanas después; tantos trajes negros y tantos intentos de abrazos vacíos hicieron que la temperatura en la Plaza bajase y bajase. ¿cuántos grados crees que puede tener el color gris?
No sé si llegaste a conocerme lo suficiente como para saber que no me gustan los aniversarios, las fechas señaladas, las marcas sobre el calendario... pero por alguna razón estos dos últimos días he sentido sin parar el frío de aquella tarde, el de aquella madrugada, el de aquella mañana... Lo he sentido hasta llegar a tener congelada la sonrisa y a punto de desbordarse los embalses de los párpados. No sé, será cosa de tanto escribir sobre el temporal de invierno. Hoy llueve seguro.


Canción de la semana: Por ella (Jorge Marazu)
“Quién me va a explicar por qué yo estaba dentro de ti y en el momento en que nací tu te metiste dentro de mí... Por ella nunca tiro la toalla, dejo mi huella donde vaya, por ella soy, por ella estoy...”
 
lunes, enero 19, 2009, rallada de belga_seg a las 1/19/2009 01:16:00 a. m.

¡No te vuelvas a ir! Y si juegas al escondite, hazlo al inglés, para que al menos te vea cuando me dé la vuelta; que hubo un momento en el que llegué a pensar que te habías ido. Que te había perdido. Y me asusté. Me asustaste. Tantos años llevándote conmigo, creciendo contigo, para que desaparecieses de repente; sin dejar rastro de piruleta, ni de gusanitos, ni tan siquiera una leve brisa de polvos mágicos pica pica que me pudiese guiar hasta el lugar desde donde te reíste de mí durante un tiempo. Porque te hizo gracia, ¿verdad? Verme tan perdida y tan estúpida, preocupándome por cosas que tú sabes que el tiempo solucionará. Pues a mi no me hizo ninguna; si pierdo lo poco que me queda de ti, me muero en vida. Lo sé. ¿Quién puede sobrevivir así? Dame la mano y nunca te separes de mí, ¿me oyes?
Sí, ya sé que estoy hablando como una persona mayor, pero a ti no puedo hablarte de otra manera. Siempre serás menor que yo y eso será lo que te haga especial. Siempre. Y también lo que me haga especial a mí. Aunque a veces te agradecería que no te lo tomases tan en serio y acudieses a la llamada del recreo, porque hay días en los que me haces sentir demasiado pequeñita; a veces eres una parte demasiado grande de mí. No te enfades.
No te puedes imaginar el alivio que fue sentir en mis párpados humedecidos y mi boca abierta que volvías, cuando vi aparecer a aquellos tres señores vestidos con túnicas a los que todo el mundo llamaba Sus Majestades. Me parece increíble que consiguieses colarte en el Alcázar y salieses por la puerta grande, entre luces y voces profundas que anunciaban la llegada de alguien que, sin ser tú, eran tu vivo reflejo. Tuve que mirar a los centenares de caras que había detrás de la mía para asegurarme de que, en efecto, eras tú. Tú sobre una carroza, tú tapada con el envoltorio de un caramelo, tú en las letras alargadas de los gritos, tú en los cinco dedos estirados y en las muñecas siguiendo el compás del péndulo de un reloj acelerado, tú en las sonrisas tirantes y en los ojos estáticos... Tú cuando fuimos la misma. Hace tanto, tanto tiempo ya.
No te puedes imaginar el alivio que fue sentir en las ganas de levantarme al día siguiente, que seguías aquí. Que te habías metido en la cama conmigo y que volvías a darme el calor que te llevaste cuando te buscaste el mejor escondite del mundo; aquel en el que jamás pensé que te fuese a encontrar de nuevo. Me parece alucinante que me hicieses creer de nuevo que era imposible que un solo padre y una sola madre pudiesen cargar con cajas tan grandes. Me encantó que aparecieses en el zoom de la cámara de vídeo y en un mensaje en un sobre, como cuando había cartas de respuesta a las que pocas veces llegamos a mandar. Nunca pensé que volvería a quitar un papel como quien ha perdido los papeles. Nunca pensé que volvería a ser campeona de salto de altura sobre el suelo de una casa, ni pensé que volvería sentir cómo la mañana se enrosca en decenas de tornillos, sin que importe demasiado.
Menudo susto me diste. No lo vuelvas a hacer. No vuelvas a esconderte. No se te ocurra aprovechar una migración de pájaros silvestres para largarte de aquí... Te necesito conmigo. Siempre. ¿Me oyes?


Disco de la semana: Lo que hemos vivido (Despistaos)
Canción: Hasta que pase la tormenta (con Dani Martín) “Antes de que te des por vencida piensa que es la única vida que podemos compartir... que podemos compartir”