viernes, julio 18, 2008, rallada de belga_seg a las 7/18/2008 01:30:00 a. m.
Hoy que no estás y no puedes venir de vez en cuando a darme un beso, o a abrazarme, o simplemente a comprobar que estoy bien, que me tratan bien, o que me porto bien, es mucho más fácil escribirte algo que tenga el color de un gracias sobre estas letras siempre tan grises. Hoy es más fácil porque no tendré que minimizar corriendo la pantalla para que no me pilles disparando a tus espaldas. Podría haber escrito esto hace tiempo, pero siempre es mejor francotirador quien espera el tiempo justo y acierta por sorpresa. Miro a la izquierda y, al igual que hago con él, esquivo nucas de pantallas de ordenador y regateo cuerpos sentados que, casi por la inercia que causa la rutina, trabajan sin parar... o eso hacen creer. Pero hoy libras, y yo no me muevo de este sitio que no es mío… de ninguna manera; ni me muevo, ni es mío.
¿Te creías que desde que estoy aquí sólo miro a la izquierda para observarlo a él? Pues te equivocas. También te busco a ti, aunque contigo no existan trincheras de la guerra del miedo que impone la admiración. A diferencia de lo que hay entre mi posición y la suya, que está sólo un par de metros más allá que la tuya, lo que hay entre tú y yo es una distancia demasiado larga para la que me gustaría tener aquí contigo, y una distancia demasiado corta para que entremedias quepa toda la importancia que tienes para mí y todo el cariño que te tengo desde que te conozco. Podría arrastrarlos por toda la Redacción, dar siete vueltas, y que me faltasen otras setenta y siete… como poco.
Supongo que, pese a esa falta de espacio, ha sido ese sobrepeso el que me ha llevado a permanecer aquí, anclada en este sitio que no es mío. Tener la certeza de que, aunque los primeros días de julio estaban siendo los más largos de mi vida, si seguía con la cuenta atrás, llegaría a mirar a la izquierda y encontrarte, me dio fuerza. Sustituí mi ilusión por la tuya y pensé que abandonar tan pronto sería clavarte un puñal por la espalda, que no es lo mismo que disparar a tus espaldas; abandonar tan pronto habría sido defraudarte, y a eso, ni me has enseñado, ni quiero que me enseñes. Por eso sigo aquí. Por ti, porque odio que me preguntes qué tal y que al mirarte para contestarte, boca y ojos no tengan más remedio que contradecirse. Por eso miro a la izquierda; para encontrarte y tener motivos para seguir buscando un cambio repentino, un disparo de francotirador. Un “estoy bien” sincero. Por sorpresa. Antes de que se ponga agosto.
No te molestes. No es la gente, ni el ambiente, no es que no me cuiden, no es que no me traten bien, no es nada de eso… Es simplemente que este no es mi sitio. Que esta silla no está a mi altura y esta pantalla no me mira bien. Que este teclado es de perdigones y a mí hubo un tiempo en el que me prestaron uno de balas. Que no sé disparar así. Que aquí las tardes son nubladas y solo tienen efecto prisma si vienes tú, que eres de lo poco que no me quema… Creo que no me equivoco si digo que no soy la única que opina que el sol de este lugar amanece y se pone en tu mesa…


Canción de la semana: The hardest day of my life (Alejandro Sanz y The Corrs)
“Never gonna forget every single thing you do, when loving you is my finest hour, leaving you the hardest day of my life, the hardest day of my life”
 
martes, julio 08, 2008, rallada de belga_seg a las 7/08/2008 01:28:00 a. m.

Sigo rezando. Dudo que sirva de algo, pero sigo rezando. También sigo llorando. Dudo de la misma manera que me alivie, pero sigo llorando. Doy vueltas en la cama, voy primera en una carrera contra el sueño, y ni siquiera sé cuántas quedan aproximadamente para llegar a la meta. Lo siento; es que no puedo hacer otra cosa. De repente has decidido convertirte en la Bella Durmiente, porque para mí siempre has sido la mujer más guapa de todo el planeta y los cinco días que llevas con los ojos cerrados no pueden convertirte en otra cosa que no sea la Bella Durmiente, y yo no sé cómo hacerlo de otro modo; cómo convertirme en tu hada madrina con un curso acelerado, para poder así sacarte de este mal sueño. Supongo que de forma inconsciente creo que mis lágrimas pueden ser pócima, y mis oraciones alguna de esas frases mágicas que sin necesidad siquiera de varitas, consiguen que el cuento dé la vuelta; que ese aparentemente irremediable triste final termine con la famosa frase de las perdices. Yo también quiero comerlas.
Me repito una y otra vez que no puede ser muy difícil; he tenido la mejor maestra del mundo en eso de las madrinas. Desde que llegué al mundo he observado y escuchado cada uno de tus gestos y tus consejos, y hacer de ti no debería ser tan complicado. Canto por dentro cada canción que me has enseñado, incluso el “mira qué antigüita soy” que mi hermano no pudo escuchar de tu boca el viernes. Recorro sentada en un vagón del metro de Madrid, con las gafas de sol ocultando cómo mi vista se enamora del suelo, cada rincón de España por el que me has paseado; desde que era aquella niña que en plena calle se daba la vuelta en la sillita y con la mirada te pedía helado, la que conseguía pronunciar “helicóptero” entre el asombro de todos o a la que dabas de comer frente al mar de Santa Pola, hasta la idiota con la que el otro día, horas después de pincharte con una rueca absurda, hiciste el último de tus viajes… de momento; porque aún tienes en tu cuarto las maletas hechas para irte a Alicante, y no es bueno cortar los trayectos empezados, y mucho menos tan de sopetón. El depósito del coche sigue repleto de gasolina y, aunque no lo estuviese, tú no conoces a los amantes del círculo polar, así que no podrías hacer tuya esa frase de la película que dice “si se acaba la gasolina, me muero”.
Ya sé que entre tanto tubo y tanto aparato es muy difícil que tu príncipe azul te dé un beso que del impulso te levante los párpados, por eso me he propuesto ser tu hada madrina. Te debo gran parte de mi vida y te juro que voy a hacer todo lo posible por que aquí no se acabe la gasolina; voy a ser tu hada madrina. Te lo prometo. Aunque tenga que aprender a serlo esta misma noche. Te voy a pasar todas mis fuerzas. Todo el músculo que gané corriendo en el Retiro el otro día va a ser para ti… Para que te recuperes, te hagas fuerte cuanto antes, y la primera bata blanca o verde que pase por tu lado pueda darte los “buenos días” por la mañana, por la tarde, o por la noche… en verano el sol se acuesta más tarde… todo es posible.

Disco de la semana: “Desde alguna parte” (Los Galván)
Canción: Grande… “Que nunca nadie me hizo ser tan grande como tú”.