
Mido las citas que me gustan de los libros que leo, las frases que atesoro de las canciones que escuché, que escucho y que, si me lo propones, escucharé. Mido un Dorian Gray y una rayuela sobre cualquier calle con adoquines. Mido una Amelie en la televisión mientras como palomitas, o simplemente mido la degustación de cada diálogo de la película. Mido la frase “sin ti las emociones de hoy no serían más que la piel muerta de las de ayer” y mi alucinación se queda sin medidas. Mido un partido de fútbol del Real Madrid; la desesperación si pierde y la euforia si gana. Mido siete, mido Raúl. También mido, desde que vuelven a ser buenos, los partidos del Caja, y mido el tiempo que he pasado y que pasaré sin tocar un balón… o tocándolo. Mido un paseo por Gran Vía y un vistazo a Segovia desde el mirador, un café en la Colonial y un icono que te saca la lengua en el msn.
Mido los viajes que hago, los que planeo, y los que me cuestan menos ganas que dinero. Mido una cena en un restaurante; cutre o elegante, qué más da, lo que más me hace crecer o menguar son las compañías. Mido una película en el cine ahora que está caro y que se puede considerar ocasión especial; porque me gusta medir lo especial. Mido un concierto en un bareto con mesas y buena música. Mido un desayuno a mitad de mañana. Mido frases filosóficas que escribo y ni yo misma entiendo. Mido mensajes cursis en el móvil, de esos que te hacen sonreír o llorar. Mido todos los discos originales que puedo comprar.
Mido todo lo que no entiendo… y lo que entiendo, y lo que empiezo a entender, y lo que he dejado de entender. Mido fe y mido paciencia. Mido una educación en un colegio religioso, en otro americano y en una universidad pública. Mido lo que me han enseñado y lo que he aprendido yo sola. Mido amigos de todos los tipos, razas, colores, sexos, sexualidades y sensualidades. Mido todos los abrazos que me han dado y que he dado.
Mido un periódico. Mido un titular pequeño al que le gustaría ser enorme, en mi vida y en la tuya. No mido una radio ni una televisión, porque mi voz mide poco y yo lo que mido, y lo que me gusta medir, es un bolígrafo y un cuaderno, o una pantalla y un teclado. Mido mi guitarra y tres canciones que te he escrito (hasta ahora)
Mido todo esto y alguna otra cosa que me habré dejado… y ¿sabes qué es lo más increíble de todo? Que en veintiún años de vida, sólo he conocido una persona en todo el mundo que esté hecha a mi medida… y eres tú. (dime que te pasa lo mismo conmigo...)
Canción de la semana: “Me gustas”…. (Patricio)
“Este mes de agosto vamos a Jerusalem, hay palmeras tropicales por Madrid. Ha dejado de nevar y mis pies van a contarte que: me gustas bombombombón me gustas bombombombón…”